Ashoka: el otro modo de emprender

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Académico Departamento de Arquitectura UTFSM y Fellow de Ashoka 1995

Ashoka es la más grande red de emprendedores sociales del mundo, con algo más de 3.000 fellowsen 70 países, incluyendo Chile, y fue fundada en 1980 por Bill Drayton (USA). Kailash Satyarthi –quien comparte el Nobel de la Paz 2014 con la joven Malala Yousafzai– ha sido Fellow de Ashoka desde 1993.

No es primera vez que un emprendedor social Ashoka llega al Premio Nobel. En 2006, Muhammad Yunus lo obtuvo con su “Banco de los Pobres”, logrando la inclusión financiera de los más desposeídos a través del microcrédito.

El emprendedor social busca cambiar al mundo con ideas y con acciones apoyadas en ellas –las ideas–, a diferencia del emprendedor comercial de mercado, tan de moda en el Chile de hoy. El “changemaker” o emprendedor social Ashoka, no busca como principio fundamental de su accionar la ganancia monetaria, el lucro o la codicia que caracteriza a nuestra economía de mercado. Él puede ser bueno negociando y buscando recursos, pero su destino no es el enriquecimiento personal o de un particular grupo de accionistas, sino que desarrollar, difundir y acrecentar esa idea de cambio social.

Por décadas Satyarthi ha luchado por los derechos de los niños del mundo, el Nobel le ha sido concedido por ello, por su infatigable batalla contra el trabajo y la explotación infantil. Actualmente es presidente de “Marcha Global contra el Trabajo Infantil”, ONG con más de 2.000 organizaciones con fines sociales.

La primera y más alentadora experiencia de aprendizaje en el trayecto del emprendimiento social es el fracaso, los muchos “noes” y las puertas sordas y cerradas. En esto se parece mucho a la ruta del de tipo productivo-comercial. En ambos, la salida depende fundamentalmente de la perseverancia y la persistencia, de seguir adelante a pesar del viento en contra.

Aún es casi excepcional ver a ambos tipos de emprendimiento entrelazados: el comercial y el social. Sin embargo, grandes empresas sociales han nacido de una iniciativa comercial, tal como ha sido el caso de la Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM): un genial y avezado emprendedor porteño, con una vida intrépida y espartana, hereda su enorme fortuna a Chile y su proletariado meritorio, para crear una universidad gratuita en sus orígenes y de calidad creciente, que hoy en día está dentro de las 300 mejores del planeta, según el Times Higher Education World University Rankings 2014-2015, realizado por Thomson Reuters.

La UTFSM fue en sus orígenes un sueño y un emprendimiento social notable. Quienes recibimos el privilegio de educación gratuita y de calidad en la USM, tenemos el deber de emprender socialmente. Hoy, el Estado de Chile, gran emprendedor social por definición, tendría que disponer de la misma prerrogativa para quienes –desde la más tierna infancia– se desarrollen y accedan por mérito a la educación terciaria o superior.

Todos estos profesionales, hipotéticamente aún, fruto de una educación gratuita y de calidad desde su infancia, más que cualquier otro, deberían replicar –en cualquier magnitud– emprendimientos sociales como el de Santa María o el de Kailash Satyarthi, para el desarrollo de Chile y el mundo. Esto no niega el emprendimiento comercial, pero el destino de los recursos logrados debiera ser básicamente un mundo mejor, con el objetivo abierto de la felicidad y calidad de vida de la especie humana.

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