Ciencia de acceso abierto, una tendencia mundial en expansión

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Después de la rendición francesa en Alejandría en 1801, los británicos se hicieron con todas las piezas y descubrimientos científicos y arqueológicos de los galos, incluida la piedra de Rosetta. Por aquella época, el interés por Egipto había llevado a realizar avances en el deseo de desentrañar los misterios del lenguaje jeroglífico, pero ninguno concluyente del todo. En 1802 la Sociedad de Anticuarios de Londres encargó varias reproducciones de la piedra de Rosetta y copias impresas de los grabados. Esa copias circularon por Europa durante los años siguientes, ayudando a que personas como Jean-François Champollion y Thomas Young finalizaran la elaboración de un alfabeto jeroglífico, sin el cual no habría sido posible avanzar en la actual comprensión de Egipto y la egiptología.

Desde sus orígenes, ciencia y científicos han buscado la máxima difusión de sus descubrimientos. Algo que sólo se ha visto trabado por intereses de tipo económico. La ciencia quiere ser libre de investigar y publicar, pero la mayor parte de las veces depende de grandes empresas y corporaciones pongan el dinero necesario para desarrollar sus trabajos. Según el modelo de financiación esto puede suponer tener cierto “derecho de pernada” sobre descubrimientos, productos y publicaciones. Si nos centramos sólo en el mundo de las publicaciones científicas entramos en otro gran y lucrativo negocio. Según explican Christine Berthaud y Agnès Magrod en el número de diciembre de 2014 de Investigación y Ciencia, este mercado está dominado por cuatro grandes empresas privadas, algunas de las cuales cotizan en bolsa: Reed-Elsevier, Springer-Verlag, Wiley Blackwell y Thomson Reuters. Según el balance anual de Reed-Elsevier para 2013, la empresa se describe como el líder mundial en proveer de información a clientes de todo tipo de industria. “Ayudamos a los científicos a hacer nuevos descubrimientos, a los abogados a ganar casos, a los médicos a salvar vidas, a las corporaciones construir relaciones comerciales, a las compañías de seguros a evaluar riesgos y a las instituciones gubernamentales y financieras a detectar el fraude“. Evidentemente, esa información, basada fundamentalmente en investigaciones y trabajos científicos, no es gratuita, y a juzgar por los resultados del balance y el precio de las acciones, bastante lucrativa. Fruto lamentable de la confusión entre principios, fines y medios.

Hay que preguntarse por los fines de la ciencia, y evaluar los medios que está dispuesta a usar para conseguir su propósito. De lo contrario no es más que otro tipo de prostitución que deriva en la peligrosa idea de que sin dinero no hay ciencia. O peor. Que la ciencia que no da dinero no sirve para nada. Según cuenta una anécdota (no constatada) protagonizada por Tales de Mileto, uno de los pilares de nuestra ciencia y pensamiento, este, cansado de que sus conciudadanos se burlasen continuamente de él asegurando que de poco le valía ser tan sabio si no usaba su conocimiento para hacerse rico. Así es que sabiendo que la cosecha de aceitunas de ese año iba a ser buena, compró tierras y tomó en arriendo todas las prensas que pudo y monopolizó el mercado, estipulando el precio que le dio la gana a los productores de aceite de oliva, con lo que ese año fue inmensamente rico. Después de eso lo vendió todo y regresó, sin las molestias de los especuladores, a lo que realmente le importaba: sus estudios y su ciencia. De esta anécdota se desprenden dos lecciones. Por un lado la de que la ciencia es útil siempre. Por otro, la de que la finalidad de la ciencia no es el enriquecimiento, sino el conocimiento. De Tales de Mileto no ha quedado nada por escrito, pero sus aportaciones a las matemáticas y el pensamiento filosófico cambiaron la forma de entender el mundo. El mundo no habría ganado tanto de haberse dedicado Tales al aceite en vez de a la ciencia.

Abierto y digital

La irrupción del mundo digital en la ciencia ha supuesto una revolución increíble en la difusión y popularización de los conceptos y descubrimientos científicos. La misma Internet nace de la necesidad de los científicos de consultar y poner en común entre ellos documentación de todo tipo. Un sistema pensado para comunicarse con otros colegas, abierto a científicos, profesores, alumnos e investigadores y capaz de publicar y difundir rápidamente los avances en cualquier disciplina. Ahora los telediarios hablan del bosón de Higgs, los periódicos desmenuzan los secretos de la ciencia en píldoras informativas de 100 palabras y la radio entretiene a sus oyentes con la narración escueta de los descubrimientos más curiosos. Pero por muy cotidiano que se haya hecho el hablar de ciencia, lo más interesante de esta popularización es la apertura de las investigaciones, con todas las cifras, detalles, mediciones y metodologías usadas en un hallazgo. Tal vez sea la Astronomía una de las ciencias que más empeño ha puesto en compartirlo todo, no sólo los datos, también imágenes, vídeos, sonidos y, desde hace algunos años, la posibilidad de que todos los astrónomos (y en algunos casos los aficionados) usen los equipos de los observatorios. Es el caso del proyecto GLORIA, el proyecto SETI o el proyecto ALMA.

Proyecto GLORIA

Hace poco más de un año, un joven llamado Jack Andraka reclamaba públicamente el libre acceso a las publicaciones científicas para “democratizar” el conocimiento. Él mismo acababa de convertirse en un ejemplo perfecto de las repercusiones que puede tener liberar los estudios e investigaciones científicas. Él, un joven de 16 años, usó la información médica disponible en Internet para desarrollar una prueba barata y fácil de diagnosticar el cáncer de páncreas. El conocimiento funciona como una gran e inmensa red donde se entrelazan infinidad de factores como la necesidad de unos, el trabajo de otros y la investigación de muchos. El punto en el que convergen da lugar a la capacidad de relacionar todo eso para generar algo que beneficie a mucha gente. Buscando ese beneficio global se han creado otras iniciativas algo más sectorizadas, apuntando a problemáticas concretas de la población. un ejemplo de ello es PlantVillage, una web que pone a disposición de todo el que lo necesite los últimos avances en el conocimiento y mejora de los cultivos alimenticios. Según explica el profesor Ernest Abadal, de la Universitat de Barcelona, las ventajas del modelo de acceso abierto se pueden contemplar desde tres aspectos:

  • la puesta en común libre y gratuita de los resultados de investigación y de las publicaciones científicas supone “una mejora notable del funcionamiento de la comunicación científica, ya que se incrementa el uso e impacto de los contenidos (al estar disponibles sin barreras), se mejora la calidad de la investigación y se pueden reducir notablemente los costes“.
  • también “genera beneficios directos sobre la sociedad, ya que facilita una transferencia directa de conocimiento al entorno económico y social y también se disuelven las barreras entre países ricos y pobres“.
  • por último, “el acceso abierto posibilita la reutilización de la información y de los datos porque los contenidos ceden algunos derechos de explotación con lo cual pueden crearse productos y servicios derivados“.

Las primeras iniciativas de ciencia abierta a través de plataformas digitales se remontan a 1990, con la creación de la revista digital Surfaces de la mano del historiador de la ciencia Jean-Claude Guédon, quien además ha mantenido un gran activismo en la defensa de la creación de bibliotecas abiertas de contenidos relacionados con las humanidades. También en 1990 Stevan Harnad, especialista en ciencias cognitivas, crea Psycoloquy, una revista digital patrocinada por la Asociación Americana de Psicología. Harnad también es responsable de la creación de CogPrints, un archivo abierto de ciencias cognitivas, además de formar parte del Foro de científicos americanos para el acceso abierto. En 1991 el físico Paul Ginsparg desarrolla ArXiv, un inmenso repositorio abierto de artículos sobre Física. La gran innovación de Ginsparg estuvo en aceptar tanto trabajos publicados como otros aún sin publicar (lo que supone no haber pasado por la revisión de pares que exige la ciencia para tomar por válido un proceso de investigación). ArXiv se convirtió rápidamente en un foro de difusión y discusión de Física y Matemáticas que permite un flujo más rápido y flexible de aportaciones a los trabajos de un investigador.

BOAI

El nacimiento del Open Access en los noventa derivó, en 2002, en la Iniciativa de Budapest de Acceso Abierto (BUAI), donde se especificaban dos estrategias para la publicación de contenidos en abierto: La “vía verde” y la “vía dorada”:

  • Vía verde: son los propios autores los que ponen sus trabajos online en la red.
  • Vía dorada: publicación de los trabajos en revistas electrónicas de acceso abierto.

BOAI lanzó entonces una campaña mundial para promover el acceso abierto para “acelerar la investigación, enriquecer la educación, compartir el aprendizaje de los ricos con los pobres y los pobres con los ricos, hacer que esta literatura sea tan útil como pueda ser, y sentar las bases para unir a la humanidad en una conversación intelectual común y la búsqueda del conocimiento“. La mayoría de los investigadores no cobra nada por sus publicaciones, al igual que los científicos que actúan en las revisiones de pares, por lo que publicar como Open Access no supone una pérdida de beneficio para el investigador. El acceso abierto lo que logra es poner a disposición pública y gratuita en Internet sus trabajos, permitiendo que cualquier usuario de la red pueda leerlo, descargarlo, copiarlo, distribuirlo, buscar, enlazar textos completos del artículo, indexarlo y cualquier otro uso legal, sin que existan barreras financieras, legales o técnicas aparte de las que provengan de las características de cada conexión a Internet. Las únicas limitaciones en Open Access están en la reproducción y la distribución, que otorgan al autor el control sobre la integridad de su trabajo y el derecho a ser adecuadamente reconocido y citado.

Prácticamente es a partir de entonces que los centros de investigación y las universidades se suman a esa política de apertura, convirtiéndose muchos de ellos en publicadores de estos trabajos a través de sus propios servidores. Hoy lo habitual es que las webs de las universidades de todo el mundo ofrezcan, entre sus noticias, el acceso abierto a buena parte, si no todos, los trabajos de los investigadores asociados al centro. Valgan como ejemplo el MIT, el Instituto de Tecnología de California o Harvard. Si alguno quiere dedicar un rato a mirar, en Webometrics se pueden encontrar los links a casi todas las universidades del mundo. Para quien quiera saber el número de revistas científicas que existen en el mundo, el directorio más completo está en Ulrich’s periodicals directory. Y para identificar los centros de publicación abiertos en el mundo, el repositorio más completo está en el Directory of Open Access Journals (DOAJ).

DOAJ

Pero la tendencia no se ha movido únicamente con este tipo de iniciativas. Diversas publicaciones digitales científicas ofrecen un modelo mixto en el que parte de sus contenidos pasan, tras un tiempo de embargo, a ser de dominio público. Ejemplos de ello son Plos One, la revista PNAS de la Academia Nacional de las Ciencias de América, la AIP Chaos, la revista especializada en investigación médica PubMed y tantos otros.

La ciencia abierta en España

Como en otros países del mundo, España comenzó a crear repositorios abiertos antes de la Declaración de Budapest, pero fue a partir de esta que las instituciones trabajaron más intensamente para disponer del suyo propio, en especial universidades y centros de investigación. Según explica la profesora Remedios Melero, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos del CSIC en el número de Investigación y Ciencia antes mencionado, actualmente ya se cuentan 71 centros con repositorios abiertos para “dar acceso, difundir y preservar su producción científica, académica y docente”, y es uno de los países europeos más importantes en producción Open Access, según un trabajo de la Agencia Sinc. Así tenemos el ejemplo de la Universidad Complutense, la Universitat de Barcelona, la Universidad del País Vasco (presentado en 2012 dentro de las Jornadas OS Repositorios), la Politécnica de Madrid y otras muchas que aplican el modelo de docencia e investigación.

En 2004 se inició el proyecto e-Revistas, dentro de un convenio entre CSIC y FECYT para formar parte del portal Tecnociencia, aunque actualmente se enmarca en la biblioteca del CSIC. En este portal se reúne una rica selección de revistas Open Access tanto españolas como latinoamericanas. A la fecha cuenta con 1.296 revistas y 306.557 artículos científicos, todos de libre disposición y siguiendo los criterios de calidad Latindex para las revistas electrónicas.

En 2006, dentro de la RedIRIS se crea un grupo de trabajo para la implementación de repositorios institucionales Open Access llamado OS-Repositorios. El grupo está compuesto fundamentalmente por profesionales de la gestión de la información y bibliotecas universitarias, y el próximo marzo de 2015 celebrará en Córdoba sus sextas jornadas de OS-Repositorios. Un encuentro que periódicamente pone en común las experiencias de las personas que tienen a su cargo la gestión de los repositorios científicos y patrimoniales. En 2007 se crea también la plataforma Recolecta con el objeto de agrupar todos los repositorios nacionales de carácter científico; y lo hace en colaboración con el FECYT y la Red de Bibliotecas Universitarias (REBIUN) de la CRUE. Además de fomentar la puesta en común la información producción científica del país, Recolecta tiene entre sus objetivos coordinar la infraestructura nacional de repositorios para que sean interoperables entre ellos y el resto de repositorios que hay en el mundo.

Política de puertas abiertas

La tendencia es mundial y global. La ciencia no es la única ni la primera en buscar fórmulas que permitan el acceso público a sus trabajos. Desde la misma creación de Internet a los movimientos Open Source tanto de software como de hardware, la línea conduce de una forma cada vez más marcada hacia la total transparencia. La misma proyección europea para el 2020, donde se contemplan soluciones participativas, que comprometan a las personas dentro de su sociedad. ¿Qué mejor forma de incluir a los ciudadanos que permitir el acceso libre al conocimiento? Igualmente, el movimiento Open Access puede, indiscutiblemente, constituir un aporte fundamental para el avance en otros de los puntos reflejados en el Horizonte 2020 de la UE, desde el fomento de la I+D hasta la mejora en eficiencia energética y, por supuesto, otro de los aspectos clave: luchar contra la exclusión social. El libre acceso abre la posibilidad de reducir la brecha del conocimiento.

Abrir el saber es una forma de preservarlo. Cuando desde la UNESCO se habla del Patrimonio Inmaterialde la Humanidad parece que sólo se aplica a las tradiciones culturales de los pueblos. No es así. La misma historia de la ciencia enseña que a veces coinciden varios investigadores en llegar a las mismas conclusiones. Aunque todo el mundo asume que eso de que l cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa pertenece en exclusiva a Pitágoras, no es así. El famoso teorema ya era conocido y aplicado en la India desde antes de Pitágoras, y esa relación matemática hubiese seguido siendo cierta la descubriese alguien o no. Todo el conocimiento es patrimonio de la humanidad.

A veces parece que se olvida que la producción científica e intelectual del hombre es, en una gran medida, fruto de la observación de la Naturaleza, y consiste en descubrir cosas que ya estaban ahí, pero no se veían, no se conocían. Y ahí está el mérito, en ver lo que otros no vieron. ¿Y qué hace que alguien sea capaz, en un momento determinado, de iluminar su cabeza? De alguna manera, igual que en las redes de conocimiento, los seres humanos estamos encadenados por por acciones y reacciones que llevan a nuevas reacciones y acciones. Las circunstancias se van edificando hasta convenir en el punto preciso en que se hace el descubrimiento. ¿Habría formulado Einstein su Teoría de la Relatividad si su madre no le hubiera enseñado a ser perseverante y paciente a través del amor a la música? ¿Hubiera llegado Edison a hacer lo que hizo si las ideas políticas de su padre no hubieran obligado a la familia a huir a Estados Unidos? ¿Habría llegado Tesla a ser quien fue de haber terminado la Universidad? Desde el punto de vista biológico todos disponemos de las mismas herramientas, pero no todos podemos usarlas de la misma forma. Elementos genéticos, ambientales, culturales, circunstanciales, educativos, vivenciales, etc. afinan más o menos la capacidad del ser humano de aprovechar las capacidades de esas herramientas. Entonces, ¿son totalmente nuestros nuestros descubrimientos? ¿No seguirían ahí, como las ondas de radio, sólo a la espera de que algún aparato sintonizase la emisora adecuada?

Imagen: Wikimedia Commons. Autor: Jens Mohr

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