De nuevo la escenificación del dilema entre seguridad y privacidad – Enrique Dans

White House Summit on Cibersecurity and Consumer Protection

El White House Summit on Cybersecurity and Consumer Protection celebrado en Stanford ha servido como una nueva escenificación del debate entre seguridad y privacidad, de las tensiones entre el gobierno y las compañías tecnológicas. De hecho, el anuncio de un decreto ley presidencial sobre ciberseguridad que obligaría a las compañías a compartir más información con el gobierno sobre posibles amenazas, cuyo texto no ha sido desvelado aún, hizo que empresas como Google, Facebook o Microsoft se negasen a enviar a ningún directivo a la reunión. 

El CEO de Apple, Tim Cook, sí acudió, y su discurso fue de esos que son dignos de ser vistos con atención y guardados con mimo:

Una cerrada defensa de la privacidad como derecho universal en la misma línea de la carta publicada el pasado septiembre, y de la necesidad de que las compañías tecnológicas hagan todo lo que esté en su mano para ofrecerla de la mejor manera posible a sus usuarios, para muchos de los cuales, en muchas partes del mundo, puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Sacrificar nuestro derecho a la intimidad puede tener graves consecuencias. Si los que están en puestos de responsabilidad en esas empresas tecnológicas no logran hacer todo lo que esté en su mano para proteger el derecho a la intimidad, corren el riesgo de perder algo mucho más valioso que el dinero: de arriesgar su forma de vida.

Obama, por su parte, se manifestó preocupado: por un lado, se muestra claramente a favor de la existencia de herramientas de cifrado fuertes para los usuarios, pero por otro, mantiene que los ciudadanos exigen a su gobierno que les proteja, y afirma que “la primera vez que se produzca un atentado en el que tuvimos pistas que no pudimos seguir, el público va a exigir respuestas”. Respuestas que va a tratar de obtener de las compañías tecnológicas en forma de una mayor cooperación, eufemismo que esconde el desarrollo de herramientas – puertas traseras, etc. – que las compañías tecnológicas no pueden en modo alguno entregar.

El debate de siempre: el gobierno pidiendo mejores métodos de vigilancia, a cambio de ofrecer una falsa sensación de seguridad que ya todos sabemos que es completamente inexistente. Sí, es posible que en el próximo atentado, los ciudadanos se pregunten por qué su gobierno no llevó a cabo una labor de vigilancia mayor. Pero disponer de herramientas para vigilar las comunicaciones de todos los ciudadanos o de herramientas de cooperación capaces de espiar cualquier conversación no va a evitar que esos atentados se produzcan. Por tanto, es el momento de educar a los ciudadanos, de explicarles que su presidente tiene el mismo derecho de utilizar herramientas de cifrado fuertes que ellos, y que eso convierte el espionaje de las comunicaciones en algo completamente inviable. En algo que, a estas alturas y sabiendo ya lo que sabemos, no debería siquiera intentarse. La prevención de atentados tendrá que hacerse de otra manera, en base a otros métodos. Pero las intenciones del gobierno norteamericano, capaz de desarrollar la mayor maquinaria hipertrofiada de espionaje colectivo jamás creada y que no sirvió para evitar que les llenasen de bombas delante de sus narices la meta de un maratón popular, apuntan a que quieren volver a equivocarse de nuevo. A costa de las libertades de todos sus ciudadanos.

This entry was posted in Artículos, DD.HH.. Bookmark the permalink.

Comments are closed.