Efectivamente, abierto es mejor que cerrado – Enrique Dans

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Dado el tiempo que llevo escribiendo sobre innovación y tecnología, me resulta muy llamativo contrastar cómo ha evolucionado la percepción de los modelos de negocio en el tiempo, en particular en lo referente al nivel de apertura. Lo que hace una década resultaba casi anatema afirmar en el mundo de los negocios, que abierto es siempre mejor que cerrado, hoy parece casi una obviedad, una verdad prácticamente absoluta.

Un buen artículo en Venture Beat, It’s actually open source software that’s eating the world, demuestra con números la impresionante evolución de la popularidad y el interés en torno al software de código abierto a lo largo de la última década, y concluye prácticamente que la discusión ha terminado, que los modelos abiertos son ya intrínsecamente superiores a los modelos propietarios.

En realidad, hablamos de una evolución que posee una explicación relativamente sencilla: el desarrollo y popularización de internet, que ha posibilitado un mundo intensamente interconectado, una reducción brutal en los costes de transacción y coordinación. Antes de internet, la mayor parte de las tareas tenían más sentido cuando se llevaban a cabo dentro de una estructura corporativa diseñada para mejorar la coordinación. A medida que los costes de coordinación disminuyen, más interesante y ventajoso resulta coordinar recursos situados fuera de la compañía, y más posibilidades existen de alinear esos recursos en torno a un proyecto común.

Así, vemos cómo empresas que tradicionalmente han defendido el modelo cerrado y propietario, como Microsoft, llevan a cabo el relevo de su cúpula directiva para promocionar a personas capaces de entender esa evolución, y tratan de promover una cultura más colaborativa que privilegia el desarrollo de software en código abierto, que en tiempos de Steve Ballmer era definido como “un cáncer“. Microsoft convirtió su entorno de programación .NET en código abierto el pasado noviembre, su Distributed Machine Learning toolkit en ese mismo mes, acaba de anunciar que hará lo mismo con el motor JavaScript utilizado en sus navegadores y en otros muchos productos, y todo indica que hablamos tan solo del inicio de una tendencia. Apple, empresa cuyos productos descansan en gran medida sobre código abierto, libera el código fuente del compilador Swift, lo que supone una importante victoria para la comunidad open source y dota de mucho más atractivo al lenguaje de programación. Para Google, la cuestión es tan sencilla y clara como que la filosofía de “default to open” forma parte de sus principios fundamentales de innovación: reinventar la rueda no tiene sentido, y siempre hay más talento fuera de la compañía que dentro de ella. Para Facebook, la cuestión es igualmente clara y fácil de entender. Otra empresa considerada entre las más innovadoras del mundo, Tesla, también lo tiene claro: para competir mejor, abre sus patentes.

Pero la cuestión es trasladar esta filosofía más allá de la programación. Robin Chase, cofundadora y CEO de Zipcar, afirma en un artículo reciente en Forbes que la era del capitalismo industrial ha terminado, y que gracias a internet, se genera un valor diferencialmente más elevado cuando se comparten activos. En cuatro años, puedes convertir una compañía sin activos inmobiliarios en la cadena de hoteles más grande y valiosa del mundo, o construir sin necesidad de poseer vehículos o construir infraestructuras uno de los mayores competidores del mundo en el transporte de personas.

¿Qué implicaciones tiene – o debería tener – esto en el mundo corporativo? La constatación de que hay que repensarlo todo para tratar de extraer ventajas de estos menores costes de transacción y coordinación, apalancar todas las actividades de la compañía en las posibilidades de apertura que sean susceptibles de generar valor. Algo que debe comenzar dando paso a una generación nueva de directivos  – no necesariamente en función de edad, pero si de apertura de miras – capaces de entender estos modelos. Como ha ocurrido siempre, las compañías que mejor funcionen terminarán siendo las que mejor se adapten al entorno, y una característica fundamental de ese entorno es precisamente esa, la disminución de los costes de coordinación y transacción.

Tiempo de cambios.

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