El consumo colaborativo no es esto: Monkey Parking

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En 2007 se acuñó el término “consumo colaborativo” por parte de Ray Algar el cual hacía referencia en su artículoLeisure Report. Tres años después el concepto comenzó a extenderse gracias a la popularización de conceptos como el coworking (compartir espacio de trabajo), el bookcrossing (compartir libros) o el carpooling (uso compartido del automóvil).

Y donde hay una tendencia siempre habrá alguien dispuesto a sacar provecho de ella. De ahí nacieron servicios que ponían en contacto personas que querían compartir viajes en coche o que querían hacer de chófer, personas que querían compartir bicicletas o que querían colaborar en un proyecto o personas que podían “prestar” dinero o financiar un nuevo producto. De todos los sectores en los cuales se puede “colaborar” el que más repercusión está teniendo es el del automóvil.

El coche puede que sea el “instrumento” que más frustración aporta al ser humano: en él nos pasamos horas para ir a trabajar, horas para volver a casa, horas para ir de vacaciones y, lo peor de todo y motivo de este artículo, horas para aparcar. Algo tan absurdo como dejar en un sitio un vehículo que, de no haberlo llevado, no tendrías porqué hacer. Pues bien aquí, en el aparcamiento también existe el consumo colaborativo, y no me refiero a los gorrillas si no más bien a una especie de sucedáneo tecnológico:


Esta app de creación italiana ha sido blanco de críticas e, incluso, de una petición de cese de actividad por parte del fiscal de la ciudad de San Francisco, EE.UU, según informa Wired. Para aclararnos un poco, MonkeyParking conecta personas que buscan un sitio donde aparcar con personas que van a dejar un puesto vacío. Hasta aquí todo bien, es más, muy bien. La idea es genial. Sin embargo la operativa lo estropea todo.

Resulta que el que deja una plaza libre puede subastar su sitio al mejor postor y los que buscan aparcamiento pueden pujar el dinero que crean conveniente. Cierto es que nadie se va a enriquecer gracias a este servicio pero el caso es que se están haciendo transacciones con espacio público. Es como pretender cobrar a alguien que se sienta en un banco de la calle. Surrealista. La base del consumo colaborativo es la de compartir la propiedad de algo para el beneficio común de un grupo y no sacar provecho de una circunstancia azarosa.

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Los creadores de la app han conseguido un eco mediático que, de otra manera, no hubiesen podido obtener, considerando que la app tiene más de dos años y ya estaba disponible en Roma. Así que pueden darse más que satisfechos por esta campaña gratuita de publicidad en la cual se les ha comparado con otros servicios infinitamente más serios y valiosos que ellos.

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