Enfoques internacionales

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TPP, un acuerdo por concluir

Los 12 -Estados Unidos, Japón, Canadá y México, junto a Australia, Chile, Brunéi, Nueva Zelandia, Singapur, Malasia, Perú y Vietnam- forman un mercado de 790 millones de consumidores potenciales y un PIB sumado de 28 millones de millones de dólares.

A primera vista, parecería que pertenecer a un bloque comercial tan amplio solo puede ser beneficioso. Chile tiene TLC con todos los miembros de la TPP, por lo que podría estimarse que nada nuevo obtendría. No obstante, esta última tiene una impronta multilateral que permite negociar aspectos difíciles de armonizarse en convenios bilaterales. Las relaciones ganan en estabilidad y predictibilidad, con reglas del juego parejas para todos. Además, la TPP no debiera perjudicar a los TLC ya firmados, porque aplicará el principio de “coexistencia”, es decir, que los derechos establecidos en los acuerdos bilaterales no se verán afectados de ningún modo. Así, un productor podría exportar según las condiciones que más le convengan, dependiendo del bien que exporte y del país al cual envíe. Por otra parte, la TPP permitirá acelerar calendarios de desgravación arancelaria en los TLC vigentes; por ejemplo, con Malasia, Japón y Vietnam. Chile podría incluir bienes que quedaron fuera de la liberación arancelaria de algunos acuerdos previos, como sería el caso de ciertos productos agrícolas en el convenio con Japón.

Un acuerdo como la TPP debería facilitar el comercio y los procedimientos aduaneros. Esto podría hacerse, por ejemplo, mediante certificación electrónica, normas sobre ventanillas únicas y operadores económicos autorizados. Se sabe que habrá normas específicas (favorables) aplicables a sectores como el de dispositivos médicos, vinos, licores, cosméticos, productos farmacéuticos, bienes de tecnología de la información y comunicación, calzado, entre otros. Chile propuso que se incluyan los productos orgánicos. Desde el punto de vista del comercio de bienes y servicios, uno de los principales beneficios de la TPP es que establecerá un sistema de acumulación de origen para definir las normas de origen. Estas normas determinan si un producto importado debe ser considerado como elaborado en el país con el que se tiene un TLC y, por tanto, puede beneficiarse de las reducciones o exenciones arancelarias convenidas. En Chile, estas normas están definidas sobre la base del porcentaje de valor del bien que es incorporado en el país exportador. Dado que Chile tiene varios acuerdos comerciales, podría ocurrir que un bien cuyo primer proceso productivo se hace en un país con el que se tiene un TLC sea exportado y procesado posteriormente a otro país con el que también tiene un TLC, pero el bien final no se beneficia de las rebajas o eliminación de aranceles, pues el procesamiento en el segundo país no alcanza a cumplir con el porcentaje de valor incorporado. La regla de acumulación de origen hace que los beneficios comerciales se traspasen de un país a otro, por lo que, en la situación anterior, el bien recibe los beneficios arancelarios establecidos en los acuerdos.

Los críticos de la TPP afirman que todo esto es teórico, porque no está probado que se obtengan beneficios con la flexibilización y armonización de estas reglas, especialmente en relación con exportaciones como pesca o fruta, que no acumulan origen.

Secretismo excesivo

Con la TPP, EE.UU. busca posicionarse en Asia, vis-à-vis con China. Que esta esté fuera del bloque podría ser perjudicial para países que, como Chile, la tienen como principal socio comercial. Las implicancias de esto debieran medirse con cuidado.

En varios países de la TPP han surgido críticas al secretismo con que se han llevado las negociaciones. Es natural que estas discusiones se efectúen con discreción y reserva, pero en el caso de la TPP han sido extremas. Sectores laborales de EE.UU. han planteado reclamos por la supuesta participación de grandes corporaciones en la mesa. Si tal fuera el caso, sería conveniente aclararlo. También exigen más protección laboral, señalando que en algunos países hay “trabajo esclavo”.

Antes de concluir el acuerdo, las autoridades chilenas debieran dar a conocer sus términos. Es indispensable despejar las inquietudes de quienes estiman que la TPP empeoraría las condiciones de los TLC. Y aclarar las dudas sobre normas medioambientales (más estrictas); laborales; sobre empresas estatales, y -el punto más delicado- de protección a la propiedad intelectual. Estas últimas serían cláusulas de salvaguardia que encarecerían ciertos bienes -por ejemplo, a los fármacos “genéricos”-. Chile y Nueva Zelandia han hecho una propuesta al respecto.

Dadas las muchas aristas sensibles pendientes, no es deseable que un acuerdo con tantas implicancias se negocie con prisas no proporcionadas a tales complejidades.

Insólita renuncia de sauditas al Consejo de la ONU

Las candidaturas para incorporarse como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU se trabajan por largo tiempo. El país interesado hace una minuciosa labor diplomática para, primero, ganar el respaldo de toda su región y, luego, tratar de obtener el máximo de votos en la Asamblea General.

Por lo anterior, parece insólito que Arabia Saudita haya renunciado a su escaño un día después de ser elegida. Quiere protestar así por la inoperancia de la ONU en el conflicto de Siria. Los sauditas apoyan a los rebeldes que luchan contra el gobierno de Assad. También han reclamado que el CS no ha hecho nada para evitar la proliferación de armas de destrucción masiva en la región -una velada referencia al armamento nuclear de Israel-. El gesto saudita resalta aún más la necesidad de reformar la ONU para hacerla más ágil y eficaz.

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