Petroleras gastan millones de dólares en caldear el ‘mito’ del cambio climático

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Defensor de la teoría del calentamiento global, el sociólogo Robert J. Brulle, de la Universidad de Drexel, en Filadelfia, ha realizado un estudio especial centrado en las fuentes de financiación de los críticos del cambio climático.

De su investigación se desprende que, en total, en EE.UU. existen 118 organizaciones que creen exagerados los riesgos ambientales, y entre las que figuran asociaciones comerciales, centros de estudios y organizaciones políticas. Los datos sobre fuentes de financiación solo están disponibles para 91 organizaciones.

Según el Centro Nacional de Estadísticas de Beneficencia, en el período que va de 2003 a 2010 estas organizaciones recibieron cerca de 5.300 donaciones valoradas en 7.000 millones de dólares. Más de un tercio (36%) de las organizaciones que se oponen a la idea del calentamiento global, recibieron el 90% de sus ingresos de fuentes no reveladas. La gran mayoría de estas organizaciones (78%) gozaba de grandes ventajas fiscales como las organizaciones benéficas.

De 2003 a 2007 participaron activamente en la financiación compañías afiliadas a ExxonMobil y Koch Industries: ExxonMobil Foundation y Koch Affiliated Foundations.

Desde 2008, tras las críticas lanzadas por la organización ecologista Greenpeace, dejaron prácticamente de hacer donaciones a la refutación del mito del calentamiento global.

Sin embargo, en lugar de estas fundaciones apareció un nuevo fondo, el Donors Trust, que Brulle califica de “caja negra” y que ocupa una posición central en la red financiera antiecologista, pues a través de él pasa un 25% de los fondos asignados para la teoría de contrapropaganda del calentamiento global.

Brulle se muestra seguro de que Donors Trust es el nuevo método usado por las petroleras para tratar de convencer al mundo de que el cambio climático no tiene base científica.

A finales de diciembre, los científicos advirtieron que el aumento de nubes azules detectadas por la nave espacial de la NASA AIM y que se extienden sobre la Antártida podría ser una señal alarmante del cambio climático.

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