Piratas: rebeldes con una causa

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por Carlos Castillo para Manzana Mecánica 

Finalmente pude leer el libro “Mutiny: Why we Love Pirates, and How They Can Save Us” de Kester Brewin, al que llegué siguiendo esta brillante charla del autor sobre sus ideas.

La tesis principal del libro es que la piratería históricamente es una manera de rebelarse contra un abuso de poder, en una forma particular de rebelión que no busca cambiar al poder sino simplemente evadirlo mientras sea posible.

Las formas de piratería que el autor explora son la piratería marítima, particularmente en la época de Barbanegra y otros (1690-1730), y la realización de copias no autorizadas desde los primeros ataques contra las regulaciones del gremio de libreros en la misma época (de ahí el uso del término piratería como violación de derechos de impresión) y hasta nuestros días.

Cada vez que vemos piratería estamos mirando un sistema en problemas, una estructura comercial injusta, quizás porque ha tomado algo que debería ser “propiedad común” de todos y la ha bloqueado detrás de un muro de pago, o quizás porque se rehúsa a compartir el botín de una riqueza con aquellos que han trabajado duro para crearla.

Los gobiernos que dominaban los mares (Inglaterra, Francia, Holanda) a comienzos del 1700 enviaban a sus propios navíos a interceptar y saquear a los barcos mercantes de los otros países. El resultado era oro y bienes que iban a la corona y a pagar lujos para el capitán y su más cercanos. Para todo el resto de marineros que participaban en estas operaciones de saqueo legalmente sancionado, las condiciones de trabajo eran horribles. Algunos eran capturados en los puertos, subidos a un barco y forzados a trabajar. El sueldo era poco o nada, una enfermedad o herida incapacitante significaba ser abandonado en el siguiente puerto, y la muerte no llevaba ningún tipo de beneficio para la viuda o los hijos.

En estas condiciones, para muchos la opción de simplemente huir del trabajo no existía. Lo que sí era posible, para los que tuviesen las agallas de hacerlo, era realizar el mismo trabajo (saquear barcos mercantes) pero participando del botín como pirata. La regla en algunos barcos piratas era que cada uno recibía una parte igual del botín, excepto el capitán y el piloto que recibían el equivalente a dos personas cada uno. Se trataba de una repartición mucho más igualitaria que el prácticamente todo-vs-nada de la marina autorizada, y que además daba a cada pirata una cierta participación en las decisiones del barco.

Habían muchas otras reglas, cuya lectura habla de grupos que ni quería derrocar a un gobierno ni quería formar un estado comunista, sino simplemente escapar de la miseria y mantenerse en movimiento y con recursos para evitar la captura y la horca. El famoso pirata Bartholomew Roberts les decía a sus compañeros:

en el servicio honesto hay poco que se comparta, bajo sueldos y trabajo duro; en esta [vida pirata] hay plenitud y saciedad, placer y facilidades, libertad y poder.

Ulises, Jesús, y Luke Skywalker

A mi juicio la parte más genial del libro (o tal vez es la más absurda) es cuando Kester Brewin se toma la libertad de usar a los protagonistas de La Odisea, El Nuevo Testamento, y La Guerra de las Galaxias, para argumentar acerca de la relación entre religión y piratería.

La idea que más resalta aquí es como al inicio del cristianismo y el islam, las religiones están formadas por personas que abandonan la ortodoxia, y siguen a su líder entregándose a una vida basada en la comunidad. En todos los casos esto es fuertemente resistido por las autoridades establecidas, de hecho es una forma de motín. Pero a la larga, todas las religiones se convierten en aquello de lo que escapaban:

[el cristianismo] se ha convertido en una religión como cualquier otra, pero sus raíces no están en el capitalismo occidental que busca acaparar recursos para unos pocos, sino en una sociedad revolucionaria que buscaba retornar lo común a la gente […] una religión que ha convertido a Jesús en una especie de “El Padrino”–una supuesta figura celestial que exige sacrificio sacrificio y veneración a cambio de protección de las terribles fuerzas del mal …

Ulises y Luke Skywalker son usados como ejemplo de una idea asociada a ésta, y es que el poder (los dioses del Olimpo, o el Imperio Galáctico) siempre intenta hacernos creer que sin ellos habría caos y violencia. Al contrario, es este mismo poder–dioses y emperadores–el que está detrás de los actos más violentos y las más terribles injusticias.

La nueva explotación

¿Cuál es la nueva situación de explotación contra la cuál los modernos “piratas” se rebelan? El retroceso del procomún, el hecho de que el arte, la literatura, la información genética, o incluso los espacios públicos de una ciudad son apropiados para el lucro de una minoría sin que exista un beneficio para la sociedad.

Trabajen duro, nos dicen, y cosecharán las recompensas apropiadas. Y sin embargo, seguimos a celebridades que parecen no tener un trabajo honesto que pueda ser celebrado, y le hacemos barra a estrellas del deporte que ganan más en una semana que lo que nosotros podríamos ganar en 10 años, por su rendimiento en un juego que solíamos disfrutar más cuando lo jugábamos en un sitio baldío, gratis, con un grupo de amigos de la escuela y usando piedras como postes.

La “piratería” de medios es una consecuencia de un sistema en el cual la cultura ha pasado de ser estimulada (mediante royalties producto de leyes razonables de derecho de autor) a ser cercada (mediante expansiones cada vez más agresivas de la duración y el ámbito del derecho de autor). Pero eso no es todo. El autor nos lleva también a examinar críticamente el capitalismo, y a ver la explotación no sólo como algo que ocurre en sweatshops en Asia, sino también como una cultura que ve trabajar en las noches y los fines de semana como algo no solamente normal sino digno de admiración.

En este contexto, Internet no es una solución mágica:

Si la religión fue una vez el opio del pueblo, entonces las redes sociales y la cultura de estar siempre conectados a un ciclo de 24 horas de noticias son un goteo endovenoso de metadona que nos mantiene dóciles, deslumbrados, achatados y pobremente informados, mientras nos engañamos creyendo que estamos más vivos, más conectados, más enriquecidos y más queridos. Internet ha sido proclamada como el nuevo gran procomún, y sin embargo, teniendo la libertad de andar por donde queremos, las partes que solemos habitar están controladas por un número pequeño de compañías fantásticamente ricas y poderosas…


El libro es de lectura ligera pero profundo a la vez, y como dije antes tiene momentos de locura genial. Brewin me convenció de que en estos tiempos, radicalizarse y actuar con convicción puede ser la única opción para no contribuir a crear un mundo más injusto que el que nosotros heredamos de nuestros padres.

Kester Brewin: “Mutiny: Why we Love Pirates, and How They Can Save Us”. Vaux, 172 páginas. Agosto 2012.

Foto: Jon Åslundradio98fm (non-free!).

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