Tecnología Los drones ya sobrevuelan Chile

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Christian Abascal logró montar una empresa que utiliza los drones para realizar tomas únicas que luego son aprovechados en videos corporativos.

YA SEA PARA que Amazon.com lleve sus ventas a la casa de sus clientes o para que una potencia mundial vigile a un rival, los drones están aquí para quedarse. Estas naves no tripuladas fueron concebidas originalmente en la Guerra Fría como herramientas de espionaje, pero hoy se ven cada vez con más frecuencia en los lugares menos esperados. Uno de los ejemplos más recientes fue la ceremonia de cambio de mando, donde los asistentes fueron sorprendidos por dos pequeñas naves que sobrevolaban el Congreso Nacional para conseguir algunas de las mejores tomas de los alrededores.

En Chile, estas naves (también llamadas UAV, sigla en inglés de vehículos aéreos no tripulados) muestran su potencial en áreas como educación, empresas audiovisuales y organizaciones gubernamentales. Incluso, algunos aficionados a estas naves, cuyos tamaños son desde el de una caja de zapatos hasta el de un auto, van más allá de la importación (con modelos que cuestan desde $ 200.000 hasta varios millones) y ya fabrican sus diseños usando guías disponibles en la red.

Uno de los mejores exponentes de esta práctica es el diseñador Miguel Berríos (37), quien comenzó con los equipos no tripulados en 2006, tras comprarle una pequeña nave radiocontrolada a un piloto de la Fuerza Aérea. “Fue la primera persona que conocí que los hacía y me habló de las naves no tripuladas y los drones. Con los años conocí a otra gente que también tenía el mismo hobby”, señala. Desde entonces, Berríos se ha aventurado con la construcción de cinco drones. “Dos se me han caído y pasaron a mejor vida; tengo otro desarmado y dos volando”, agrega.

En cuanto a los materiales que usa en sus modelos, Berríos explica que son más bien artesanales, ya que emplea materiales como madera de balsa, chapa, fibra de vidrio y partes plásticas. A pesar de estas limitaciones, estos drones pueden resistir varios golpes y repararse de manera sencilla. En un espacio abierto, estas naves utilizan sistemas de manejo a larga distancia que les permite ser controlados en un límite teórico de hasta 60 kilómetros. “Yo no he llegado tan lejos, pero un miembro de mi grupo ha llegado por sobre los 17 km en línea recta, siendo el récord nacional para este tipo de naves”, explicó.


Frank Tinapp trabaja con alumnos de la Universidad de Concepción en el diseño y elaboración de drones que participan en labores mineras, forestales y de construcción.

Investigación y emprendimiento
Pero no sólo aficionados forman la creciente comunidad de pilotos de drones en el país. Las instituciones académicas han encontrado en ellos una forma de explorar nuevos proyectos, tal como ocurre con las iniciativas lideradas por el doctor Frank Tinapp, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Concepción y uno de los pioneros en el tema a nivel nacional. Tinapp trabaja en diversos proyectos que utilizan drones y entre los cuales destacan el monitoreo de avances en construcciones de edificios, desarrollo de naves no tripuladas para la industria de la minería y vuelos comerciales para la Corporación Nacional Forestal (Conaf) que permiten captar fácilmente imágenes que antes requerían de un gran despliegue.

En el primer caso, los drones se programan para circular automáticamente a través de un perímetro determinado, tomando una cierta cantidad de fotografías en cada ronda. Según el profesor, en la minería los drones son una gran alternativa en tareas que hasta hace poco eran muy peligrosas para los funcionarios de las minas. “Es una industria con altos estándares de seguridad. Para mejorar aún más esos resguardos se pretende utilizar drones para la toma de fotografías aéreas en zonas de acceso limitado o peligroso. Mediante el análisis de esas imágenes se puede evaluar el riesgo para el personal”, explicó.

En cuanto a Conaf, esta institución requiere algunas de las tecnologías más avanzadas en materia de equipamiento. ¿La razón? Los drones se usan para monitorear y vigilar terrenos forestales de bosque nativo ante incendios o robo de leña, por lo que deben estar en funcionamiento a toda hora. Según cuenta Tinapp, para estas tareas se aprovecha “una aeronave autónoma UAV con gran autonomía y equipada con sistemas de video diurno, nocturno y visión térmica de precisión, que incluye estabilizador de imagen y zoom”.

Otra de las instituciones académicas involucradas con el uso de drones en Chile es la Universidad del Desarrollo, que a través de su centro de experimentación digital SmartLab UDD creó el primer mapeo de un campus universitario en el país utilizando exclusivamente drones. Gracias a las imágenes capturadas por las naves, los estudiantes de cuatro campus (dos en Santiago y dos en Concepción) podrán acceder a las imágenes a través de un sitio web para guiarse a través de las instalaciones de forma sencilla.

Tras una experiencia positiva con los drones -cuyos servicios fueron provistos por una compañía externa-, la universidad decidió obtener sus propios equipos, los que ahora están en fase final de adquisición. “Algunos de los usos que tenemos para los drones involucran soporte en tareas de trabajo voluntario en zonas rurales, así como también con la Facultad de Periodismo para experimentar con ellos como herramienta de reporteo”, indica Nicole Forttes, directora de SmartLab UDD.

El auge de este tipo de naves también ha dado lugar al emprendimiento. Es el caso de Christian Abascal, quien con su compañía TomaAerea (www.TomaAerea.cl) utiliza drones para capturar escenas únicas que luego son utilizadas para videos corporativos.  “Siempre me sentí atraído por los aviones y el cine, en especial por el género de ciencia ficción. Trabajé más de 10 años para piezas gráficas y campañas publicitarias hasta que me di cuenta de que lo mío eran ‘las películas’. Combiné eso con mi hobby de las aeronaves radiocontroladas y luego de un año de experimentación y un fondo del gobierno pude invertir para formar TomaAerea”, señala. Actualmente, Abascal cuenta con dos drones profesionales: un Quadcam Discovery y un Exacam Pro7, además de un helicóptero radiocontrolado Aircam H3.

Sobre el negocio, Abascal cuenta que  a los clientes les gusta esta tecnología “porque es un servicio innovador, profesional, atractivo de ver y que logra resultados espectaculares. Además, la variedad de imágenes y perspectivas que se logran con estos equipos aéreos no se obtienen con ninguna otra aeronave o grúa. Tenemos a clientes fieles hace varios años y que han quedado siempre muy satisfechos con los resultados”, agrega.

La regulación local
¿Fabricar, comprar, volar? Estas son las tres disyuntivas más comunes para cualquier interesado en las aeronaves no tripuladas en Chile. Según la Dirección General de Aeronáutica Civil (Dgac), todos los vehículos de este tipo sin importar su tamaño o equipamiento son considerados aeronaves y, por lo tanto, están sujetos a todas las regulaciones pertinentes. Si bien por ahora no hay normativas específicas para el uso de los drones, las autoridades han manifestado su intención de responder al masivo auge de este tipo de equipos (aunque no hay estimaciones sobre el mercado chileno, la Agencia de Aviación Federal de EE.UU. calcula que en ese país habrá 7.500 microdrones en 2015). Mientras tanto, todo el uso profesional y particular de drones debe ser reportado a la Dgac para la evaluación de su uso en espacios abiertos, según lo que indica la institución.

”La Dirección General de Aeronáutica Civil ha elaborado un borrador de norma que está siendo revisada por nuestro departamento jurídico y, a la vez, será evaluada por el  ‘Sistema Regional de la Vigilancia de la Seguridad’ de la oficina regional de la Organización de Aviación Civil Internacional (Oaci), con el fin de estandarizar una norma a nivel latinoamericano”, cuenta Lorenzo Sepúlveda, director de seguridad operacional de la Dgac.

Según Sepúlveda, hasta ahora toda la actividad de drones en el país debe ser reportada y evaluada por la Dgac hasta que la norma entre en vigencia durante este año. En términos sencillos, esto significa que mientras la fabricación o importación de estas naves no está regulada, la operación deberá ser evaluada y aprobada por la institución para así certificar la seguridad de su uso. En cuanto a la necesidad de la licencia, explicó que a diferencia de los pilotos de naves tripuladas, los pilotos de drones deberán certificar otras facultades, como las mentales, para asegurar que su uso no es ningún riesgo para la población, a través de exámenes como los ahora requeridos para el manejo de armas de fuego.

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