Transparencia para fortalecer la democracia – El Mostrador, Chile

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por 

Directora Ejecutiva Fundación Pro Acceso.

Lo ocurrido en Francia atenta contra los valores más preciados de esa República, como son la laicidad y la sátira, la irreverencia y el cuestionamiento y, por supuesto, la libertad de expresión como fundamento primero de una democracia.  Los fundamentalistas islámicos ponen en boca de todos los argumentos de la ultraderecha francesa xenófoba, antieuropea y deseosa de desmarcarse de la política y los políticos. Con esto se corre el riesgo de ver validadas sus ideas y de que la discusión derive a términos que, hasta hace una semana, hubiesen sido inaceptables por ser considerados antidemocráticos.

Y es que parece que la democracia fuera algo que, una vez que la damos por ganada, la dejamos a un lado y pasamos a otra cosa, olvidando que es el único modelo en el que todos podemos aspirar a ser iguales en dignidad y derechos; el único en que un grupo predeterminado no impone su voluntad sobre los otros. Y para que ella funcione y nos proteja de los abusos, debe existir una política robusta, hecha por mujeres y hombres elegidos popularmente, idóneos y transparentes.

Los escándalos actuales que remecen a nuestro país refuerzan la idea generalizada de que la política es un lastre, que todos estaríamos mejor sin políticos, que no se gobierna ni legisla por el interés de los ciudadanos ni el de los votantes, sino por el interés de algunos, los mismos de siempre, esos que entregan millones como si fueran panes calientes a quienes discuten en el hemiciclo las leyes que nos rigen a todos. El sistema de nombramientos de muchas autoridades tampoco ayuda a la imagen que la ciudadanía tiene de quienes los gobiernan. El senado decide en audiencias privadas y los criterios para proponer a los candidatos no son siempre técnicos.

Se oyen los fuegos cruzados y se sienten en el aire las ansias por ver caer al de la tienda contraria, como si la debacle generalizada pudiera ser la salida. Discutir en estos términos no hace sino poner más tierra sobre la política y los políticos y, con ello, sobre nuestra democracia.

La transparencia es la única manera de salir fortalecidos de esta crisis: ver y hablar para saber; saber para, luego, hacer. La Ley del Lobby es un paso fundamental, hubiese podido ser más disruptiva, hubiese podido ir más lejos, pero existe. El cambio en las reglas que regulen la política y su relación con el dinero es indispensable. La transparencia en el financiamiento y en el funcionamiento de los partidos políticos, la fiscalización del cumplimiento de la ley y la existencia de verdaderas sanciones darían razones a la ciudadanía para creer que quienes nos gobiernan lo hacen pensando en el bien común y no en el beneficio de unos pocos.

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