El solucionismo digital y la crisis del capitalismo global

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¿Cómo cambian la percepción que tenemos de nosostros como sociedad las nuevas tecnologías de la información?/ Imagen: pixabay

Un falso amanecer

Seguramente no es exagerado decir que en las tres últimas décadas las tecnologías de la comunicación han ido adquiriendo un papel medular en la forma en que nuestras sociedades se perciben a sí mismas. El espacio digital resulta crucial en la autocomprensión no sólo de cómo somos sino, sobre todo, de cómo podemos, queremos y debemos llegar a ser. La ideología tecnológica modula cada vez más nuestras aspiraciones económicas, sociales y culturales, así como nuestra percepción de la esfera pública.

Vemos la tecnología digital como el único espacio capaz de inyectar dinamismo a un mundo atascado o en retroceso. Está ampliamente aceptada la idea de que existe una cesura histórica profunda asociada a la tecnología de la comunicación que afecta a nuestras relaciones sociales, a la estructura económica, a las manifestaciones culturales y, finalmente, a nuestra propia autocomprensión política y antropológica.

La hipótesis de la ruptura tecnológica: 5 claves

  1. Un cambio generacional, popularizado por la tesis de los “nativos digitales”. La idea es, aproximadamente, que los jóvenes socializados en la cultura digital están sometidos a fuerzas ambientales radicalmente diferentes a las que experimentaron los “inmigrantes digitales” de generaciones anteriores y, por tanto, tienen habilidades, formas de relacionarse e inquietudes fundamentalmente distintas.
  2. Una discontinuidad geográfica. Desde esta perspectiva, la generalización de las tecnologías digitales estaría produciendo la desconexión con sus entornos locales inmediatos de una gran cantidad de personas que, en cambio, estarían asumiendo una nueva identidad global en la que la distancia geográfica o las tradiciones vernáculas carecen de peso.
  3. Algunos teóricos de las tecnologías de la comunicación apelan a las características técnicas de los dispositivos digitales, como la facilidad para el anonimato o el enmascaramiento, como justificación de una transformación profunda en la estructura de la subjetividad contemporánea, una auténtica discontinuidad en la identidad personal. Desde esta perspectiva, la identidad tecnológica dominante en Internet y en las redes sociales es inevitablemente fluida y entraría en confrontación con la subjetividad cartesiana clásica.
  4. Una cuarta ruptura comúnmente aceptada tiene que ver con la interacción social. Hemos asumido que las relaciones sociales contemporáneas son en buena medida reticulares gracias a la acción de las TIC. Incluso los manuales de sociología básica suelen tener ya un par de capítulos sobre la sociedad red que describe cómo la tecnologización ha transformado y expandido un modo de vínculo en red que era periférico hasta hace unos años. Muchos sociólogos reconocen como un hecho que la generalización de la tecnología digital ha convertido las redes sociales en unidades sociales básicas y que esa transformación ha afectado crucialmente a las relaciones de producción e intercambio, a la distribución del poder político y a nuestra intimidad.
  5. Por último, para algunos intérpretes, esta serie de discontinuidades históricas articuladas en el plano de la geopolítica, el ciclo vital, la subjetividad y el vínculo social, confluirían en una quinta ruptura relacionada con la transformación y ampliación de las herramientas deliberativas democráticas y, en última instancia, la transición a alguna forma de ciudadanía digital que recogería y las promesas ilustradas de progreso político.

Tecnología, sociedad y política

A mí juicio, esta centralidad de la tecnología como fuente de transformaciones históricas es poco realista. De hecho, tal vez sea razonable entender la hipótesis de la discontinuidad tecnológica como una forma de preferencia adaptativa a la reducción de nuestras expectativas deliberativas. Buscamos en la tecnología un consuelo frente a la pérdida de legitimidad política de las democracias occidentales. Hemos depositado en el contexto digital nuestras esperanzas de una domesticación de la globalización que no requiera de grandes cambios estructurales, de un progreso que apenas requiera un proceso de aprendizaje y adaptación cultural. Internet desproblematiza la generalización del tipo de vínculo social débil y electivo característico de la mercantilización extrema porque lo dota de un rostro amable. Las redes sociales son una especie de mercado sin dinero donde la organización emerge espontáneamente sin un entorno de normas comunes finalistas, sencillamente a través del juego de protocolos técnicos.

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¿Cómo afectan las TIC y la organización de la vida online al desarrollo y crecimiento de la democracia? / Imagen: pixabay

Por eso, la sobrestimación de la tecnología como horizonte de futuro compartido es una apuesta suicida que regala todo el campo de la política real a los movimientos reaccionarios. Ese es uno de los motivos de que tras la derrota de las revoluciones árabes y en plena bajamar política latinoamericana, las respuestas que han surgido por todo el mundo al colapso de la globalización neoliberal están siendo mayoritariamente neocomunitaristas y reaccionarias. Los movimientos reaccionarios no son conservadores, son la contracara de los revolucionarios progresistas, son el naufragio del futuro. Y por primera vez en la historia de la modernidad, no tenemos un proyecto ilustrado compartido que oponer a la tentación reaccionaria, sólo un montón de anuncios de Mediamarkt que hemos confundido con el progreso humano.

ésar Rendueles

Universidad Complutense de Madrid

Fuente

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