2021

Demasiada información: la revolución laboral del COVID ha aumentado la sobrecarga digital

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por Olga Kokshagina

¿Te agota el número de reuniones y notificaciones en línea?

Las herramientas de comunicación en línea, desde el correo electrónico hasta el chat virtual y la videoconferencia, han transformado nuestra forma de trabajar. En muchos aspectos nos han hecho la vida más fácil. Sin ellas no habríamos podido hacer el cambio al trabajo a distancia durante la pandemia de COVID.

Pero, ¿estamos ahora excesivamente conectados?

Mis colegas y yo hemos entrevistado a 120 expertos de todo el mundo para conocer los efectos de la revolución del trabajo desde casa de 2020.

Lo que nos contaron sugiere que el deseo de compensar la falta de interacción física está agravando la sobrecarga digital, el fenómeno que los investigadores tecnológicos Larry Rosen y Alexandra Samuel describieron en la Harvard Business Review allá por 2015 como quizá “el problema que define el lugar de trabajo actual”.

Como explica Rosen, pionero en la “psicología de la tecnología”, en The Distracted Mind: Ancient Brains in a High-Tech World, su libro de 2016 coescrito con el neurocientífico Adam Gazzaley, nuestro cerebro no ha evolucionado para la multitarea mediática.

Tantas innovaciones tecnológicas han mejorado nuestra vida de innumerables maneras, pero también amenazan con abrumar con interferencias el funcionamiento de nuestro cerebro orientado a objetivos. Estas interferencias tienen un impacto perjudicial en nuestra cognición y en nuestros comportamientos en las actividades diarias. Afecta a todos los niveles de nuestro pensamiento, desde nuestras percepciones, la toma de decisiones, la comunicación, la regulación emocional y nuestros recuerdos.

Esta interferencia aumenta a medida que adoptamos cada vez más herramientas que facilitan la comunicación y la colaboración virtuales, siempre “encendidos” y en contacto a través de un bombardeo de mensajes y notificaciones.

El deseo de compensar la falta de interacción física está agravando la sobrecarga digital.

Usar nueve herramientas al día

Nuestra investigación forma parte de un proyecto global sobre el futuro del trabajo y la educación en el que participan 14 organizaciones universitarias, empresariales y sin ánimo de lucro.

Entrevistamos a directivos del sector privado (desde empresas de nueva creación hasta corporaciones), del sector público y del mundo académico. Hablamos con cada uno de ellos durante una hora sobre cómo sus entornos de trabajo se habían visto afectados por la pandemia, y cómo imaginaban el futuro.

Casi todos coincidieron en que la sobrecarga digital había aumentado debido a la existencia de demasiadas herramientas digitales, demasiada información y demasiadas horas dedicadas a las conferencias en línea.

Por término medio, declararon utilizar nueve herramientas de colaboración y comunicación cada día. Si eso le parece excesivo, cuente cuántas utiliza usted. Lo más probable es que tengas programas para escribir, correo electrónico, mensajes instantáneos, calendarios, intercambio de archivos, conferencias, organización del trabajo y gestión de contraseñas. Ya son nueve.

Más fatiga en línea

Nuestros encuestados también informaron de un mayor cansancio por estar en línea todo el tiempo, y por que se espera que enviemos y respondamos a los mensajes. Como dijo uno de los entrevistados, el viejo problema de la falta de información ha sido superado por el de cómo seguir el ritmo de toda la información que se espera que recibamos y proporcionemos.

Las reuniones en línea se citaron como especialmente agotadoras. Esto coincide con las investigaciones que demuestran que la exigencia de observarnos constantemente a nosotros mismos como intérpretes conduce a la “fatiga por Zoom“.

3 consejos para gestionar la sobrecarga digital

Puede que no tengas mucha influencia sobre el número de herramientas que utilizas. Pero sí puedes controlar cómo las utilizas. La clave es reducir la “interferencia de objetivos”, es decir, cualquier cosa que le interrumpa o le distraiga de la tarea que tiene ante sí.

He aquí tres sencillos principios para gestionar la carga.

  1. Cambie de tarea con menos frecuencia

Las investigaciones demuestran que la idea de la multitarea es un mito. Tal vez podamos hacer frente a dos cosas a la vez, como escuchar música mientras trabajamos. Pero para cualquier tarea que requiera concentración tenemos que hacer un cambio cognitivo. Los estudios demuestran que cuanto más cambiamos, peor nos concentramos en lo que es relevante para la tarea que tenemos por delante. Haz menos cambios para maximizar tu capacidad de filtrar las interferencias de los pensamientos sobre otras tareas.

  1. Programe horas fijas para las tareas habituales

Los experimentos de comportamiento demuestran que las personas que consultan el correo electrónico sólo unas pocas veces al día presentan menos estrés que las que lo hacen constantemente a lo largo del día. Esfuérzate por realizar las tareas relacionadas en bloques de tiempo determinados (por ejemplo, 30 minutos). Dése la oportunidad de concentrarse realmente. Apaga las notificaciones innecesarias y otras distracciones.

  1. Limite la comunicación innecesaria

Compartir información es importante: al fin y al cabo, el conocimiento es poder. Pero demasiada información se convierte en una distracción más. Como dice otro adagio, los datos no son información, la información no es conocimiento, el conocimiento no es comprensión y la comprensión no es sabiduría. La información en la era digital es un poco como la comida. Decenas de miles de años de escasez nos han condicionado a desearla. Pero la abundancia significa que tenemos que controlar conscientemente que no consumamos demasiado.

Cambiar la cultura de trabajo

Estos tres consejos están lejos de ser una solución completa, por supuesto. Como subrayaron nuestros entrevistados, abordar el problema de la sobrecarga digital en el trabajo requiere una reflexión radical sobre las tentaciones de la tecnología, incluso pensar que más tecnología resolverá el problema.

Hay muchas lecciones que aprender de 2020.

De nuestro salto imprevisto a un futuro laboral que se predijo durante mucho tiempo que vendría de la mano de la tecnología digital, tenemos la oportunidad de entender los puntos de dolor. Hemos tenido una revolución tecnológica en la comunicación y la colaboración en el lugar de trabajo. Ahora debe llegar una revolución cultural.

Fuente: The Conversation

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