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El próximo gran error en educación

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La editorial británica Pearson anuncia su intención de convertir el libro de texto impreso en algo obsoleto, sustituido por lo que vende como una transformación supuestamente radical, la edición de libros digitales que cobrará en formato de suscripción.

Las intenciones de Pearson, que pronto veremos replicadas en otras editoriales que viven de vender su material a colegios y autoridades educativas y forzar a los alumnos a adquirirlos, no tienen nada que ver con una transformación radical de nada que no sea su modelo de negocio. Pasar de obligar a comprar tochos de papel a obligar a pagar una suscripción digital es una propuesta de valor deliciosamente ventajosa para las editoriales, que pueden de un plumazo evitar los problemas que, cada vez más, tenían con el crecimiento del mercado de comercialización de libros usados. Se trata, simplemente, de reconocer que el libro impreso es completamente obsoleto y poco atractivo para unas generaciones cada vez más familiarizadas con los soportes digitales, y pretender adaptar tu modelo de negocio a un simple cambio de soporte, con un supuesto mayor nivel de actualización.

Sobre este tema, la muy necesaria transformación digital de la educación, llevo ya bastantes años escribiendo en todo tipo de foros, incluida la UNESCO. El problema principal de la educación no es que los libros de texto estén obsoletos, que pesen mucho o que su formato sea poco atractivo: el problema fundamental es que el uso de libros de texto no educa en algo tan crucial para la educación actual como la búsqueda, selección y uso de fuentes de información adecuadas, no forma en algo tan importante como el pensamiento crítico. Proporcionar a nuestros hijos un repositorio de información supuestamente veraz, sea en formato físico o digital, es algo profundamente negativo, porque les enseña a pensar que el conocimiento está contenido en un repositorio creado por un tercero, algo en lo que nunca deberían confiar. La educación del futuro tiene que enseñar a los niños, desde los niveles más básicos, a gestionar la información disponible en todo tipo de fuentes, a aprender a seleccionarla y cualificarla adecuadamente, a reconocer e ignorar la información editorializada o sesgada, a verificar y a comparar. Tenemos que dejar a nuestros hijos que busquen, que encuentren de todo, que se equivoquen, que pierdan miserablemente el tiempo con fuentes malas o manipuladas, y que aprendan a seleccionar las buenas, que como todo, es un proceso que se educa y que hay que practicar.

Solo educando fuertemente el sentido crítico en el uso de la información podemos aspirar a formar personas que sepan desenvolverse en un mundo digital en el que cualquiera puede crear información con total facilidad. Mientras no seamos capaces de cambiar la percepción que nuestros hijos tienen de la información, no seremos capaces de atajar problemas como las fake news y la manipulación de la sociedad.

Obviamente, esto supone el acceso a dispositivos, cada vez más ubicuos, y el cambio radical de las metodologías de enseñanza, lo que implica no solo cualificar a los profesores, sino también convencer a los padres de que la forma en la que ellos aprendieron era incorrecta y no ofrece unos resultados adecuados para el contexto actual. Esta tarea es indudablemente compleja en una sociedad que habitualmente tiende a pensar que cuando sus hijos no hacen las cosas del mismo modo que lo hacían ellos, es porque sin duda tienen algún tipo de trastorno, problema psicológico o disfunción. No es así: lo que es completamente ilógico es precisamente lo contrario, pretender que la educación no cambie cuando el contexto ha cambiado radicalmente.

Pronto, los colegios de vuestros hijos empezarán a venderos que «lo moderno» es prescindir del libro de texto y pagar por una suscripción a un servicio que permite consultarlos en la web. No, eso no es lo moderno: eso es una simple y burda maniobra para cambiar su modelo de negocio prescindiendo del soporte físico. No, queridas autoridades educativas: eso no es «ser moderno», es simplemente más de lo mismo. Lo verdaderamente moderno no es digitalizar el libro de texto, es prescindir de él. El libro de texto es la red, y la educación debe enseñarnos a buscar en ella. Y cuanto antes lo hagamos, antes empezaremos a preparar a nuestros hijos para un entorno digital.

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