Sociedad Tecnología (general)

Los jóvenes no comprenden cómo funciona el sistema de archivos: “¿Carpetas? ¿Unidades? ¿De qué me estás hablando?”

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No cabe duda de que la informática ha sufrido un gran cambio generacional: hemos pasado del estereotipo del usuario con miedo a tocar el ratón ‘por si rompía algo’ al de los ‘nativos digitales’ cuya vida transcurre en las redes sociales. Y que, además, ya no conocen los fundamentos básicos sobre cómo funciona un ordenador.

Puede parecer contradictorio, pero no lo es: hace unos días, el medio estadounidense The Verge publicaba hace unos días un reportaje abordando la sorpresa de varios profesores que llevan algunos años comprobando que la mayoría de sus alumnos no saben qué son o para qué sirven las carpetas y los ficheros.

La astrofísica y profesora universitaria de ingeniería Catherine Garland se sorprendió, ya en 2017, al descubrir que sus estudiantes no comprendían el concepto de almacenamiento organizado de archivos, de la jerarquía de carpetas vinculada a un almacenamiento físico:

—¿Dónde habéis guardado los archivos del proyecto? ¿En el escritorio o en una unidad compartida?

—¿De qué estás hablando?

Cuando tu dispositivo se convierte en una caja negra

Ahí estaban sus alumnos, usando un software de simulación de modelado 3D de turbinas para motores a reacción, pero sin entender ni por asomo a qué se refería su profesora cuando les hablaba de unidades y carpetas.

Garland descubrió que la mayoría de ellos simplemente asumían que la información se guardaba ‘en alguna parte’. ¿Y para volver a acceder a ella? Bueno, obviamente para eso estaba el buscador de archivos.

Otros profesores citados en el artículo hablan también de 2017 como fecha clave de la pérdida de conocimiento sobre los sistemas de archivos: Lincoln Colling, profesor de psicología de la Universidad de Sussex, le pidió en aquel entonces a una clase llena de estudiantes que accedieran a un archivo dentro de un directorio específico sólo para encontrarse, de nuevo, con caras de confusión.

El reportaje cita casos de estudiantes a los que, pese a saber no sólo cómo funcionan los sistemas de ficheros, sino incluso programar… no asumen ese marco mental como algo natural para ellos. Y por eso, tienden a acumular sin ningún orden miles de ficheros en la misma carpeta (frecuentemente en el directorio que les ofrece por defecto el software que tienden a usar, aunque sea el propio Escritorio).

Saavik Ford, otro profesor citado en The Verge, lo explica así:

“Yo crecí cuando había que tener un archivo; había que guardarlo y saber dónde se guardaba. No había función de búsqueda. Pero ellos no conciben que haya un lugar donde residen los archivos. Simplemente los buscan y los usan: tienen una canasta de lavandería llena de ropa, y un robot que les buscará cada prenda que quieran cuando se lo pidan”.

Apple

Y eso se debe fundamentalmente a un cambio en el modo en que accedemos a esos ficheros, porque si bien algunos nos hemos criado en una época en que la organización de carpetas y subcarpetas por temáticas era el mejor modo de recuperar la información, los más jóvenes recurren de forma masiva a los buscadores internos de los programas y de los sistemas operativos… y, sobre todo, de los servicios en la nube, como OneDrive y Dropbox.

Al fin y al cabo, el buscador también es el modo en que acceden a las publicaciones en Twitter, o a los vídeos en YouTube. Su generación, la de los estudiantes que estaban en primero de carrera en 2017, nacieron casi al mismo tiempo que Google y estaban en la escuela primaria cuando se lanzó el primer iPhone.

Los profesores señalan varios problemas a la hora de revertir esta situación: no sólo el creciente número de cursos de programación dirigido a alumnos de secundaria no está ayudando a cambiar en lo más mínimo este problema, sino que el propio concepto de ‘sistema de archivos’ resulta tan intuitivo para los propios profesores que ni siquiera ellos mismos son buenos a la hora de explicar en qué consiste.

No toda la culpa en de los estudiantes, la verdad: aunque los sistemas operativos más usados siguen conservando su estructura de carpetas tradicional, cada vez la ocultan mejor, añadiendo una capa de abstracción por encima de la misma y convirtiéndola cada vez más en una ‘caja negra’.

Al fin y al cabo, el propio sistema de archivos es ya en sí mismo una abstracción: de otro modo, nuestros archivos se dividirían y se saldrían de sus carpetas a medida que nuestros discos duros se fueran desfragmentando. Pero la pregunta es cuánto control de nuestro software y de nuestra información perdemos al dejar de conocer el funcionamiento de cada una de las capas.

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