Estamos acabando con el planeta, ¿Hay solución? Sí, la economía circular

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Ya hemos alcanzado tristemente el punto de la evidencia del cambio climático. Hoy por hoy, ya apenas quedan sectores que sigan afirmando que el clima no ha cambiado, ahora sin embargo los negacionistas se centran en que no sabemos a ciencia cierta si es por el efecto invernadero traído por el CO2. Pero lo que tampoco podemos negar es que, lo que está ocurriendo, es precisamente lo que gran parte de la comunidad científica venía prediciendo desde hace años.

Resulta demasiado aventurado tratar de echar balones fuera y decir que este hecho es una mera coincidencia, dado que es bastante probable que estemos asistiendo justamente a lo que algunos predecían apoyados en modelos predictivos (y otros razonábamos), y que ahora son avalados por datos. A la vista está que las terribles consecuencias del calentamiento pueden no haber hecho nada más que empezar, como pueden leer en este artículo de Xataka sobre el impacto mayúsculo que puede traer que dos importantes glaciares se estén derritiendo. Así que, una vez que el calentamiento global está ya asumido por (casi) todos, es el mejor momento para hablar de cómo evitar a largo plazo entrar en dinámicas similares, si es que la del efecto invernadero todavía se puede paliar de alguna manera. Bienvenidos a la Economía Circular.

De lo verde de la ecología a la sostenibilidad en el largo plazo de la Economía Circular

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Hace unas décadas, la ecología era la tendencia casi ideológica que aglutinaba a todos aquellos preocupados por el medioambiente y el impacto que sobre él tenía la actividad humana. Pero aquella ecología, muchas veces activista, ha ido transformándose junto con una ampliación de su base de seguidores, o más bien de la gente consciente de ella, una actitud que recoge mucho mejor el término alemán para ecologista: “Umweltbewußt” (o consciente del medioambiente por su traducción literal). Con esta ampliación ha llegado una penetración en sectores más amplios de la población y en más esferas de influencia. Una de ellas es la economía, en la cual ya hay muchos académicos y no académicos profundamente interesados en desarrollar una actividad económica humana que no impacte en el planeta, o al menos no con la progresión que llevamos.

Porque una cosa está clara, sin entrar en el debate de cifras de si hay calentamiento global o no, de si el calentamiento global existe pero no se debe al CO2, etc. está el hecho irrefutable de que a largo plazo nuestra actividad en algún punto temporal será insostenible en este planeta. No sólo por los recursos que consumimos como seres vivos, sino con todo lo que nuestra civilización modifica, trastoca, produce, consume, y así hasta un largo etcétera. El problema está ahí y no se va a ir por sí sólo. Y aquí es donde entra en escena la Economía Circular.

Uno de los principales y más recurrentes argumentos de los eco-negacionistas es que nada de este apocalipsis va a ocurrir en un plazo lo suficientemente cercano como para empezar a preocuparnos por ello, y que por el contrario, hacer nuestra economía sostenible en el planeta implica un alto coste económico, que podría acabar trayendo falta de progreso e incluso hambre. Pero con la economía circular hasta este punto se cae de la ecuación del negacionismo, porque la Economía Circular es más que rentable, e incluso la mayoría de las veces trae un ahorro de costes. Tan sólo hay que investigar un poco, y sobre todo, proponérsela como objetvo. Muchas veces llevarla a cabo es mucho mucho más sencillo de lo que se puede pensar, y hoy se lo demostraremos.

Los inicios de la Economía Circular

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Pero lógicamente, algunos de nuestros lectores se estarán preguntando, ¿En qué momento se inició la andadura de esta nueva tendencia socioeconómica? Pues mucho antes de lo que imaginan. El término Economía Circular fue acuñado al inicio de la década de los 80, y originariamente se limitaba a describir un sistema socioeconómico cerrado en el que interaccionaban economía y medio ambiente, realimentándose formando sistemas no lineales, puesto que intervienen sistemas vivos.

Una de las principales tesis que dieron a luz a la Economía Circular fueron aquellas que apostaban por optimizar sistemas en conjunto, en vez de elementos individuales o componentes, entrando de lleno en una idea que cotizaba al alza en el momento: el diseño a medida aplicado a los procesos derivados de la actividad económica. Los seguidores de la Economía Circular demandan que ésta debe ser incluso más que una forma de producir, sino más bien ha de ser una forma de pensar que ha de empezar en las primeras fases del mismo diseño, y se debe alargar por todo el proceso de implementación hasta llegar a la puesta en marcha. Y a partir de ahí ha de volverse un proceso contínuo de mejora en el cual la optimización constante sea la norma.

La Economía Circular pretende ser la respuesta de nuestra civilización al fin de la era de los materiales y el consumo desenfrenado simplemente “porque lo puedo pagar”, que algún día dejaremos de hacerlo a este ritmo exponencial de crecimiento del consumo de recursos y de destrucción del medio ambiente. La Economía Circular también pretende dar respuesta a la era de los combustibles baratos, que de nuevo, algún día ha de llegar, y no iremos a ninguna parte si empezamos a tratar de rediseñar nuestro tejido productivo en el mismo momento en el que los combustibles tradicionales empiecen a agotarse. Eso es una tarea imposible. Se debe empezar a trabajar en ello cuanto antes, a fin de que, cuando llegue el punto de corte, estemos preparados para dar el salto fuera de los pozos pretolíferos agotados y los yacimientos de gas natural sin presión.

Pero a pesar de sus ochenteros inicios, hay que reconocer que la Economía Circular cotiza hoy en día fuertemente al alza. Un importante punto de aceleración de su tendencia fue a raíz del momento en que, allá por comienzos de 2012, la fundación Ellen MacArthur encargó a la consultora McKinsey & Company un informe con título “Hacia la Economía Circular: razones económicas y comerciales para una transición económica acelerada”. Las conclusiones de este informe son principalmente que el sector manufacturero de Europa podría llegar a ahorrarse unos 650.000 millones de euros hasta 2025 si abrazase la economía circular, y uno de los mayores beneficios a escala global viene de la colaboración inter-sectorial. Pueden leer acerca de otras de las máximas de la Economía Circular en este enlace de “Lessons from Nature”

Algunos datos relevantes para poder ver la necesidad de dar el nuevo giro circular

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Como pueden leer en esta noticia de El Economista, Naciones Unidas baraja que para 2050, es decir, tan sólo dentro de apenas treinta años, habrá 9.700 millones de seres humanos en La Tierra; se elevarían a 11.200 para el cambio de siglo. Los datos de actividad económica que aporta el diario no son menos impactantes, y revelan que en el mundo en 30 minutos se venden 15.000 coches o 250.000 teléfonos móviles, y así hasta una eterna lista de bienes y productos con cifras que se cuentan por miles, o incluso millones.

Hagánse ahora simplemente una idea del multiplicador que significará para estas cifras productivas el crecimiento poblacional expuesto antes. Eso por no hablar de la otra cara de la producción, que es cantidad de basura y residuos que generamos, que vuelven al planeta muchas veces de forma irrecuperable. La optimización clara que debe tener la Economía Circular, y que de hecho tiene, es tratar de optimizar todo el ciclo de uso de una materia prima, un producto, o un subproducto, y a la vez conseguir que permanezca de forma útil en el sistema durante el máximo tiempo posible, antes de que degenere en residuo. Unos residuos que también deben ser minimizados al máximo.

Según citaba El Economista, en el caso concreto del panorama nacional, tenemos la Estrategia Española de Economía Circular, que viene apadrinada desde instancias oficiales. Pero en la Economía Circular a nivel nacional también participan grandes empresas como Acciona o muchas empresas de dimensión más reducida: todas tienen su mérito. Los resultados son esperanzadores, y aquí es donde empiezan los ahorros: aunque no todo puede haberse debido únicamente a la Economía Circular, la tendencia reciente sí que marca una diferencia.

El diario cita cómo, desde 2008, la productividad del consumo nacional de materiales ha subido un 85%, y la intensidad de su consumo con relación al PIB se ha reducido casi a la mitad. Por otro lado también citan cómo, entre 2000 y 2013, la energía consumida en relación al PIB español descendió un 20%, y la generación de residuos en nuestras ciudades y pueblos se redujo un 31,8%. Pero posiblemente estos datos no sean suficientes, y quede mucho por hacer, y no sólo asumiendo un coste extra a modo de peaje, sino más bien todo lo contrario: ahorrando costes en el proceso de abrazar la economía más circular que podamos diseñar.

La naturaleza es el mejor ejemplo de sostenibilidad, y un claro caso de Economía Circular

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Lo cierto es que el ser humano debería fijarse más en la naturaleza en este asunto, puesto que nos lleva miles (sino millones) de años de ventaja en lo que a sostenibilidad se refiere. En la naturaleza no hay basura como tal ni vertederos donde tirarla; estos conceptos llegaron con el desarrollo económico de las sociedades humanas. En la naturaleza, todos sus componentes llevan a cabo algún tipo de función de una manera continua, y al final de su vida útil acaban siendo reutilizados en subsiguientes procesos; nada se desperdicia, todo se aprovecha: es una eficiencia sostenible y circular de la que tenemos mucho que aprender.

Así, por pura imitación, la Economía Circular trata de explotar los recursos necesarios pero con la máxima de hacerlo intentando reducir la explotación del medio al mínimo necesario, además de minimizar la producción también al mínimo imprescindible. El consumir por consumir como una fuente de (efímero) placer, en vez de que sea simplemente por cubrir una necesidad, es algo que en la Economía Circular no tiene sentido. Posteriormente, una vez que un producto o material alcanza el fin de su vida útil, la Economía Circular tiene como objetivo o bien que vuelva al medio ambiente, o su reutilización en caso de que esto no sea posible.

Así los nutrientes biológicos, más comúnmente conocidos como materiales biodegradables, deben ser de uso prioritario, para que puedan reintegrarse en el ciclo natural de alguna manera. Cuando sea imposible utilizar materiales biodegradables, es decir, en el caso de los nutrientes técnicos, los diseños deberían tener como objetivo el posterior desmontaje de los componentes, para reutilizarlos para generar a su vez otro producto artificial, y si no es posible, entonces se debe diseñar un proceso de reciclaje que evite el daño al medio ambiente.

Los polímeros y las aleaciones suelen ser materiales que se prestan con especial facilidad a la reutilización, por lo que su utilización debe ser prioritaria como nutrientes técnicos. Y no olvidemos que además todo ello hay que diseñarlo tratando de minimizar el consumo de energía que requieren todos los procesos, desde la fabricación hasta el reciclaje, y valorando aprovechar al menos para la generación energética aquellos elementos que no puedan ser ni reutilizados, ni reciclados. Sería un proceso que entraría dentro de lo que se conoce como valorización: dar valor a un subproducto o residuo que en principio no lo tenía.

Pero no sólo debemos fijarnos en la naturaleza como inspiración para los procesos a diseñar. Hay un segundo aspecto en el que se fija la Economía Círcular, y que resulta de especial importancia. Aplicando las máximas de la Economía Circular vamos a crear nuevos ecosistemas, aunque tengan un origen en la actividad humana, pero también vamos a aumentar significativamente las interacciones entre estos ecosistemas. A esto se le llama aumentar la diversidad, y precisamente la diversidad ha sido una de las grandes estrategias del medio natural para asegurar la supervivencia del planeta.

La diversidad fortalece, y los ecosistemas más diversificados son los que son capaces de soportar mejor las perturbaciones y sobrevivir. Abordar la Economía Circular traerá más diversificación a nuestra socioeconomía y a nuestros procesos económicos y empresas. Hay puntos que ya se aplican desde hace décadas, y por todos es sabido cómo diversificar proveedores fortalece la posición y resistencia de una empresa.

Hoy en día también han surgido nuevas tendencias que se engloban dentro de la Economía Circular, como son la economía de compartición (o formalmente conocida como economía de la funcionalidad) al estilo BlaBlaCar, o la economía colectiva por ejemplo alquilando vehículos por horas como con Car2Go.

Los anti-medioambiente se quejan del coste económico… pero precisamente ése es un punto a favor de la Economía Circular

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En lo que al dinero se refiere, la Economía Circular apuesta por que los precios sean coherentes y acordes a su coste real: ello favorecerá el consumo racional. En este punto debo reconocer que es un auténtico logro del capitalismo que hoy en día podamos comprar una lavadora por 300€, pero lo que ya no lo es tanto es que ese precio sea producto de una deslocalización, que tan sólo se aprovecha del bajo coste de mano de obra en países en vías de desarrollo, en vez de en innovación técnica y tecnológica. Y lo que ya es un fracaso del sistema es que, cuando se estropea esa lavadora, casi siempre es más barato comprarse una nueva en vez de arreglar la que ya se tiene. Eso es consumir por consumir reducido al absurdo, además de superpoblar los vertederos de cadáveres manufactureros.

Pero yendo más allá de los beneficios económicos para el consumidor y el ciudadano medio, los beneficios también pueden ser empresariales. De hecho, las empresas que han puesto en práctica las máximas de la Economía Circular han podido comprobar en primera persona cómo ésta es muy muy rentable: es mucho más eficiente en costes retulizar recursos que crearlos o extraerlos partiendo de cero. Es por ello por lo que la Economía Circular puede contribuir en muchos casos a reducir los precios de producción de forma sustancial, lo cual redunda en precios de venta más bajos, y un beneficio para el ciudadano común por partida doble: por rebaja de sus gastos dedicados a comprar, y porque el medioambiente se preserva. Eso es literalmente eficiencia energética y material.

Los referentes nivel macroeconómico y microeconómico que han sabido aprovechar la Economía Circular

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Hay dos países que desde hace décadas se preocupan, y mucho, por temas que ahora se engloban dentro de la tendencia de la Economía Circular. Estos países son Alemania y Japón, y muchas de sus políticas se articulan en torno a la gestión de residuos mediante las denominadas 3R. La idea principal y que da nombre a estas políticas 3R es la de pasar del antiguo flujo lineal en la utilización de materiales (recursos-producto-residuos), a un flujo circular con tres Rs: recurso-producto-recurso reciclado. Incluso en la poco medioambiental China se están empezando a preocupar seriamente por adoptar la Economía Circular, y teniéndola en cuenta el gobierno chino aprobó el 11º plan de cinco años como modelo de desarrollo para el gigante asiático.

A nivel nacional, se puede citar a la La Fundación para la Economía Circular, que es una Fundación privada que desarrolla su actividad en tareas relacionadas con la economía circular, la sostenibilidad, el uso de los recursos y el medio ambiente. Pero lo que más les puede interesar a nuestros lectores sobre la Economía Circular en el panorama nacional, aparte de los que la apadrinan, son ejemplos de iniciativas y empresas concretas que la han puesto en práctica, y que han visto cómo la Economía Circular les ha reportado pingües beneficios a sus cuentas de resultados y a la sociedad en su conjunto.

Un ejemplo de una administración muy enfocada y que se preocupa por la Economía Circular está en la ciudad de Zaragoza. Ya les advierto antes de seguir que no deben ver en absoluto esta referencia como algo tendencioso o partidista: nada más lejos de la realidad. De hecho, pongo este ejemplo por todo lo contrario, y por el gran valor socioeconómico que supone que todos los partidos políticos del consistorio zaragozano hayan contribuido en mayor o menor medida con propuestas de resolución, muchas de ellas relacionadas con la economía circular como pueden leer en esta noticia del Heraldo de Aragón. Como podrán leer, el rango cromato-político de la economía circular en Zaragoza abarca todo el espectro visible, y va desde el azul del PP al morado de Podemos, pasando por el rojo del PSOE y el naranja de C’s, además de pasar también por todas las otras formaciones locales. Lo realmente ejemplarizante de Zaragoza es la unanimidad política en este asunto.

Y pasando ya al caso de las empresas, un caso por antonomasia en el panorama nacional, que debería ser fuente de inspiración y ejemplo para muchas empresas es el de la cervecera Damm. Como pueden leer en este artículo de El País, la cervecera ha aplicado su particular modelo de Economía Circular, transformando 90.000 toneladas anuales de residuos orgánicos en alimento para animales. Ello le está reportando un doble beneficio económico, por un lado eliminando la costosa gestión de esos residuos, y por otro obteniendo ingresos por un residuo que a su vez se convierte en materia prima de otra industria, que lógicamente está dispuesta a pagar un precio justo por él.

Según nos relata El País, el protéico residuo en cuestión es conocido como “bagazo”, y se produce durante la cocción de la cebada transformada en malta, junto con el arroz. Este (antiguo) residuo se vuelve también producto de Damm, y se vende a las granjas de vacuno de la zona, que la vuelven a insertar en la cadena económica y biológica como alimento para vacas, que acaban produciendo leche o carne, que termina en nuestras mesas. Efectivamente Damm está “valorizando” (verbo que les definía antes) el bagazo. Además, vendiendo el bagazo para vacas, Damm cierra el círculo de su proceso, puesto que las vacas producen estiércol, que se utiliza para producir cebada, que de nuevo ellos transforman en bagazo. Vamos, el máximo exponente de la Economía Circular.

Pero no sólo de bagazo va la Economía Circular implementada por Damm: la empresa se enorgullece de que, en términos globales, el 99% de sus desechos ya son reutilizados posteriormente en otros procesos productivos, además de que el 100% de la energía que consumen sus plantas es energía verde. Finalmente, Damm también ha conseguido una reducción del 84% en las emisiones de CO2 en 2016.

Y esperemos que la Economía Circular extienda sus círculos por todos los sectores

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Y alguno dirá que desde estas líneas nos apuntamos oportunistamente a la Economía Circular cuando ya se ha demostrado que es rentable económicamente, y que lo hacemos sólo por aquello del beneficio que reporta (y reportará) a las empresas. Nada más lejos de la realidad, puesto que cuando estos términos todavía no eran conocidos por el público en general, ni un servidor tenía constancia de ellos, los principios en los que se basa la Economía Circular ya ocupaban un lugar destacado en mis pensamientos. De hecho, pueden leer cómo hace algunos años, y desde otra perspectiva, ya les escribí el artículo “La lacra económica del despilfarro de los ciudadanos o Cómo consumir de más contribuye al estancamiento durante lustros

Para cerrar el artículo de hoy, permítanme hacerles algunos razonamientos finales a los que puedan darles vueltas esta noche. Resulta obvio que nuestro planeta dispone de unos recursos limitados, y que obviamente algún día se acabarán. Si no es por sus hijos, será por los hijos de sus hijos, y si no por los hijos de sus hijos de sus hijos, pero ese día llegará. Y el gran problema no es que un buen día nos demos cuenta de que así ya no vamos a ninguna parte, sino que cuando llegue ese momento probablemente ya sea demasiado tarde, y no dé tiempo para transformar el tejido productivo y nuestras socioeconomías. En algún momento alcanzaremos un punto de no retorno, y rebasarlo implicará que ya no se podrá hacer nada por solucionar un problema que hoy está al alcance de nuestra mano. Cuanto antes hagamos nuestra actividad sostenible en el conjunto del planeta, mejor. Y encima genera beneficios para nuestras empresas donde antes no los había.

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Los ecosistemas son circulares. La naturaleza es circular. El planeta es circular. Lo único que no es circular es el hombre, y de hecho éste incluso ha llegado a prender la hoguera por osar decir precisamente que la Tierra era circular. Vamos, la demostración de que, en nuestra ignorancia, nos creemos incluso capaces de lograr la cuadratura del círculo. Esperemos que no nos ocurra lo mismo con nuestro medioambientee, porque por ahora, y durante bastantes décadas todavía, sólo tenemos uno en el que vivir. Les dejo recordando la famosa frase Stephen Hawking, con la que vino a decir hace ya algunos años que la única escapatoria para el ser humano será colonizar otros planetas. El problema es que eso tecnológicamente aún nos queda muy lejos, y en todo caso ¿No sería mucho más inteligente cuidar un poco más el planeta que ya tenemos?.

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