Historias de vida en un contexto tecnológico

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Una versión de este artículo ha sido publicada en el número 109 de la Revista Telos, de la Fundación Telefónica.


Sabemos que las identidades no están dadas por los genes, ni por las características del cuerpo, ni siquiera por ese sentimiento vago que parece decirnos, como Don Alonso de Quijano, “yo sé quien soy”, sino por una suerte de relatos que se construyen en una compleja interacción entre cuerpos y almas. Confusas sendas que se abren en la piel y la memoria producidas por las contingencias de la historia, por los pasos y decisiones erráticas, por los espacios y tiempos en los que habita la persona que, como si fueran tormentas y meteoros, producen un paisaje singular que llamamos identidad personal. Son historias de vida irrepetibles e insustituibles que no tendrían sentido sin la mediación de la circunstancia, el evento y el entorno.

La identidad es una compleja construcción tejida con muchas mimbres, algunas biológicas y otras culturales. No hay identidad que no sea, en algún aspecto, identidad cultural (también corporal, también mental). Así pues, desentrañar cómo la cultura afecta a la identidad personal y colectiva exige que nos fijemos en un aspecto poco tratado: la cultura material.

A veces se habla de la “construcción social” de la identidad o de la “construcción cultural”, pero en ambos casos suelen excluirse de la consideración los aspectos materiales de la sociedad y la cultura. Pongamos un ejemplo que afecta a la sociedad: el estado.

Las teorías del estado son muy diversas y se relacionan con las de quienes se subordinan a él: individuos, ciudadanos, personas, pero siempre lo hacen bajo una descripción puramente social: instituciones, normas, lazos. Sin embargo, un estado es una forma de orden social que no sería posible sin ciertas bases materiales. La más importante de todas es la escritura. Pues sin leyes no hay estado ni instituciones y las leyes, por su propia naturaleza de normas, trascienden la relación de presencia entre el legislador y el legislado, y ello es posible porque hay un medio material que permite esta independencia: la escritura.

Lo que se aplica a los grupos y sociedades se aplica también a las personas: nuestras identidades se construyen como rutas de vida en paisajes tecnológicos que se superponen a la naturaleza creando mundos artificiales.

La formación psicológica del carácter no solamente se produce en un entorno social, cuenta el entorno técnico que ordena todos los aspectos del crecimiento y el aprendizaje. Estos entornos son estrictamente nichos que permiten unas trayectorias de vida e inhiben otras.

Nichos ecológicos

Son regiones espaciotemporales por cuyos espacios fluyen la materia y energía que permiten el metabolismo de los organismos que los habitan. Su estructura establece límites y constricciones al número de individuos y variedades de especies.

En el caso humano, los nichos ecológicos son modificados artificialmente mediante redes de artefactos por los que circulan materias, energías y, sobre todo, información simbólica. Aparecen así los nichos técnicos que crean entornos evolutivos que no habrían sido posibles por medios puramente naturales: el fuego, las herramientas, el lenguaje y las técnicas complejas que caracterizan a la especie humana.

La cultura material de cada sociedad es la que organiza estos nichos técnicos. Así, hablamos de la Edad de Piedra, del Bronce o del Hierro, y podríamos seguir haciéndolo con las grandes transformaciones tecnológicas: la navegación, la energía hidráulica, la máquina de vapor, los motores de combustión interna, los sistemas cibernéticos electrónicos, los computadores digitales,…

Paradigmas tecnológicos

Ciertas tecnologías tienen un carácter intersticial y permiten que otras se desarrollen o bien se conviertan en obsoletas. Cada vez que se produce un cambio en los paradigmas tecnológicos, se transforman radicalmente los nichos artificiales y se abren nuevas posibilidades de acción.

Los artefactos existen en redes que son establecidas por las tecnologías intersticiales que, a su vez, se entrecruzan con las prácticas humanas. Por ejemplo, la unión del telar mecánico y de la máquina de vapor permitió la producción de tejidos a escala industrial y la aparición de nuevas formas sociales como, por ejemplo, las modas, que, por su parte, establecieron fronteras de diferenciación y distinción social.

En los nichos, tanto ecológicos como técnicos, es donde se crean las affordances. Con este término nos referimos a aquellos aprovechamientos de las propiedades de un sistema físico que permiten a un animal realizar algo que no podría sin tal uso. Por ejemplo, la sensibilidad a los campos magnéticos terrestres permite a las aves migratorias la orientación a grandes distancias.

En el caso humano, los entornos técnicos definen las affordances con las cuales se abren las posibilidades de acción que nos son dadas. Recorrer el espacio aéreo o marino, acceder a las bandas del espectro electromagnético a las que no alcanzan nuestros sentidos, superar las expectativas de edad que el sometimiento a las enfermedades y plagas haría mucho más cortas.

Los cíborgs que somos

La idea de affordances nos permite superar el gran peligro del determinismo que habita en las aproximaciones más usuales de la técnica. El determinismo se da en formas muy variadas, no sólo en la formulación vieja de Marx cuando afirma que el molino trajo el feudalismo, sino en versiones mucho más sofisticadas pesimistas como las de Heidegger o Lewis Mumford, o en las más populares asociadas a la propaganda de los gadgets (dispositivos) de consumo que se rodea de una ideología según la cual debemos adaptarnos a los artefactos que vendrán.

Frente a esta actitud, que devalúa la agencia humana, individual y colectiva, sin embargo, cabe recuperar una vieja idea de origen hegeliano sobre la que se construyó el marxismo crítico del siglo XX: el concepto de mediación. Es una relación extraña que tiene múltiples aplicaciones.

En principio una mediación funciona entre dos términos, o realidades, antagónicos: capital/trabajo, sujeto/objeto, concreto/abstracto, base/superestructura, empírico/trascendental. Se ha utilizado en numerosos contextos, por ejemplo, en la teoría de los medios o en la mediación tecnológica.

Mediación y McLuhan

Mediación es una relación extraña que, a pesar de haber sido muy trabajada en forma historiográfica y filológica, no es sencilla de entender si uno no quiere perderse en las jergas filosóficas de la dialéctica. Por suerte, si prescindimos de las cuestiones más técnicas de la metafísica y la epistemología implicadas, no es difícil entenderla si pensamos reivindicaciones contemporáneas del concepto de mediación que se han producido en diferentes ámbitos. Este concepto, por ejemplo, permite entender mucho mejor qué era lo que McLuhan quería decir con “el medio es el mensaje”. Buena parte de la teoría de la comunicación y de la teoría de los entornos técnicos es una puesta al día de la noción de mediación.

Las formas sociales como la familia, las comunidades en entornos próximos, la ciudad y la ciudadanía, son sin duda los marcos en los que un cuerpo llega a ser persona, pero ese marco, a su vez, lo hace posible la cultura material: los alimentos que recibimos, las vacunas que nos mantienen a salvo, las letras que aprendemos, las películas que abren nuestros imaginarios, las noticias frente a las que reaccionamos, las expectativas de consumo y los deseos con los que fabricamos nuestros planes de vida…

El perfeccionismo ha sido una filosofía que hunde sus raíces en el romanticismo y que cree y postula la transformación de lo humano a través de la cultura. Hoy añadiríamos la mediación tecnológica. Ahora bien: las mediaciones son mediaciones, no determinaciones. Es habitual que a uno le pregunten por las posibilidades tecnológicas de cambio personal y colectivo. Es más, continuamente estamos conversando sobre estas posibilidades. Querría invertir la dirección de estas preguntas para hacer visible lo indeterminado de nuestra condición: la pregunta no es ¿qué seremos dada la tecnología contemporánea?, sino ¿qué queremos ser dadas nuestras mediaciones materiales?

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