La tecnología y la avidez por almacenarlo todo hacen que mentir sea cada vez más difícil

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Se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Y si es con tecnología, antes todavía. Eso es lo que revela una reciente charla en TEDxWinnipeg en la que el psicólogo Jeff Hancock explicaba cómo nuestro uso de Internet y de la tecnología hace que prácticamente todo lo que hacemos allí deje huella. Y eso puede ser utilizado como evidencia de que uno no decía la verdad.

En un estudio de la Universidad de Alabama confirmaban esa apreciación. Tim Levine, uno de los responsables del mismo, explicaba que este informe “muestra la forma en la que las mentiras se descubren comparándolas lo que alguien dice con las evidencias. Y con toda la analítica que se puede hacer hoy en día [con la tecnología], la detección de mentiras se posibilitará de un modo que antes era imposible“. Nuestros datos se vuelven contra nosotros. O mejor dicho, contra nuestras mentiras.

Internet y la cuantificación, enemigos de los mentirosos

Uno de los ejemplos más claros es el de las redes sociales, que desde hace tiempo sirven para que el personal de recursos humanos elabore perfiles de los potenciales candidatos a un puesto de trabajo. Lo que digamos en una entrevista de trabajo puede ser analizado y comparado con aquello que hemos publicado en esas redes.

Mentir online puede ser muy peligroso“, explicaba Hancock en su charla. “No solo dejas un registro tuyo en la máquina, pero también se lo dejas a la persona a la que le estabas mintiendo“. Lo que ocurre en nuestro uso de las citadas redes sociales, la mensajería instantánea -que se lo digan a los políticos a los que se les analizan sus conversaciones de WhatsApp en nuestro país- o en los correos electrónicos -caso de Sony y sus filtraciones, por ejemplo- es cada vez más una prueba de que estos medios deben utilizarse con mucho cuidado.

Por supuesto no solo están esas redes sociales o medios de comunicación: los gadgets que nos cuantifican también pueden representar una amenaza para nuestras mentiras. Ocurrió recientemente en el juicio de Jeannine Risley, cuya pulsera FitBit dio una importante información que acabó descubriendo que los cargos que esta mujer alegaba contra un presunto ladrón eran falsos. Nuestro propio teléfono puede convertirse en un peligroso testigo de nuestras mentiras, así que ya sabéis: cuidado con lo que decís, y dónde lo decís.

Vía | The Washington Post

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