Avance tecnológico: riesgos y desafíos

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por Darrell M. West

La lista de nuevas tecnologías crece cada día. Robots, realidad aumentada, algoritmos y las comunicaciones de máquina a máquina ayudan a las personas en una gran variedad de tareas.(1)Estas tecnologías son de amplio espectro y trascendentales por su potencial para transformar las empresas y las vidas humanas. Tienen la capacidad de facilitar la vida de los individuos y mejorar sus relaciones personales y laborales.(2) La tecnología se vuelve cada vez más avanzada y ello tiene una repercusión considerable en la población activa.(3)

Trabajadores entre estantes con artículos en un almacén de Amazon, en Brieselang, Alemania, el segundo mercado online más importante de Amazon después de EEUU

En este capítulo examino el impacto de los robots, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático en la población activa y las políticas públicas. Si la sociedad necesita menos trabajadores debido a la automatización y a la robótica, y muchas de las prestaciones sociales están ligadas a tener un empleo, ¿cómo va a percibir asistencia sanitaria y pensiones durante un periodo prolongado de tiempo la población no activa? Los programas políticos públicos deben afrontar cuestiones de gran trascendencia y hay que encontrar la manera de proporcionar prestaciones sociales en la nueva economía digital.

Tecnologías emergentes

Robots

El número de robots industriales ha aumentado en todo el mundo desarrollado. En 2013, por ejemplo, se calculaba que había alrededor de 1,2 millones de robots en uso. Esta cantidad ascendió hasta casi 1,5 millones en 2014 y se prevé que llegue a 1,9 millones en 2017.(4) Japón tiene la cifra más alta, con 306.700, seguido de Norteamérica (237.400), China (182.300), Corea del Sur (175.600) y Alemania (175.200). En total, se espera que el sector de la robótica crezca de los 15.000 millones de dólares actuales hasta los 67.000 millones en 2025.(5)

Un estudio de RBC Global Asset Management muestra que se han reducido sustancialmente los costes en robótica y automatización. En el pasado, «los altos costes de la robótica industrial restringían su uso a unos pocos sectores de salarios altos, como el automovilístico. Sin embargo, en los últimos años, los costes medios de los robots se han abaratado y en muchas industrias estratégicas de Asia empiezan a converger el coste de los robots y los costes unitarios de una mano de obra con bajos salarios… Los robots representan hoy una alternativa viable al trabajador humano».

En el mundo contemporáneo hay muchos robots que realizan funciones complejas. Según una presentación sobre robots, «a principios del siglo xxi asistimos a la primera oleada de robots sociables. Eran mascotas pequeñas y encantadoras, como AIBO, Pleo y Paro. A medida que la robótica ha avanzado, gracias en gran parte al teléfono inteligente, ha nacido una nueva generación de robots sociales, con los humanoides Pepper y Jimmy y el casi humano Jibo y Sophie, un software robótico de Geppetto Avatars. Un factor fundamental de las habilidades sociales de los robots es su capacidad para entender y responder correctamente al discurso humano y a sus contextos subyacentes y emocionales».

Estas máquinas están habilitadas para ser creativas. El antropólogo Eitan Wilf, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, nos dice que los robots sociables constituyen «un recurso cultural para negociar problemas de intencionalidad». Describe un «robot humanoide que improvisa jazz con su marimba», capaz de interpretar un contexto musical y responder creativamente a las improvisaciones de los otros músicos. Sus creadores pueden ponerlo en una banda de jazz, e improvisará con el resto de los músicos sin desentonar. Si alguien estuviera escuchando la música no podría distinguir el intérprete humano del robot.

Amazon ha organizado un «concurso de recogida de pedidos» para ver si los robots pueden «coger artículos de un estante y meterlos en un recipiente de manera autónoma». La compañía tiene alrededor de 50.000 personas trabajando en sus almacenes y quiere saber si los robots podrían desempeñar las tareas de seleccionar artículos y transportarlos a distintos puntos del almacén. Durante la competición, un robot de Berlín consiguió realizar satisfactoriamente diez de las doce actividades asignadas. Para mover artículos en el almacén, la compañía ya utiliza 15.000 robots y se espera que adquiera más en el futuro.(9)

En el sector de la restauración, las empresas están empleando la tecnología para sustituir al personal humano en tareas de entrega. Así, algunos establecimientos usan tablets que permiten a los clientes hacer sus pedidos directamente a la cocina sin necesidad de un camarero. En otros pueden pagar directamente, eliminando la necesidad de personal de caja. Los hay que incluso indican al chef qué cantidad de un determinado ingrediente quieren en un plato, lo que ahorra costes.(10)

Otros investigadores están usando un robot llamado Nao para ayudar a las personas a combatir el estrés. En un proyecto piloto denominado «Stress Game» (juego de estrés), Thi-Hai-Ha Dang y Adriana Tapus proponen a los sujetos un juego de mesa en el que tienen que reunir todos los objetos que puedan. Durante la prueba, el estrés es alterado cambiando el grado de dificultad del juego y con ruidos cada vez que se comete un error. Los participantes están conectados a un monitor cardiaco para que Nao pueda ayudarlos a enfrentarse al estrés. Cuando el robot percibe un incremento en los niveles de estrés del humano, le da consejos destinados a disminuir la tensión. Dependiendo de la situación, puede responder de manera empática, alentadora o exigente. De esta manera, el «robot con personalidad» puede proporcionar respuestas dinámicas a los sujetos del experimento y ayudarlos a desenvolverse en situaciones de estrés.(11)

Algoritmos informáticos

Algunos algoritmos informáticos ya han sustituido a las transacciones humanas. Lo vemos en los mercados de valores, donde la negociación de alta frecuencia a cargo de máquinas ha reemplazado a la toma de decisiones humana. Las personas envían órdenes de compra y venta, y los ordenadores las combinan en un abrir y cerrar de ojos, sin intervención humana. Las máquinas pueden detectar ineficiencias o elementos diferenciales en los mercados a muy pequeña escala y ejecutar operaciones rentables.(12)

Hay personas especializadas en operaciones de arbitraje, en las que los algoritmos observan que las mismas acciones tienen valores distintos en diferentes mercados. Los humanos no son muy eficaces a la hora de detectar diferenciales de precios, mientras que los ordenadores pueden hacer uso de complejas fórmulas matemáticas para determinar dónde hay oportunidades de negocio. Hay matemáticos muy brillantes en este tipo de análisis que han hecho posible ganar grandes cantidades de dinero.(13)

Inteligencia artificial

El término «inteligencia artificial» hace referencia a «máquinas que responden a la estimulación de un modo coherente con las respuestas tradicionales humanas, dada la capacidad humana para la contemplación, la consideración y el propósito».Incorpora el razonamiento y el juicio crítico a las respuestas. La inteligencia artificial, considerada en su día una fantasía futurista, es hoy una realidad y se ha incorporado a una gran diversidad de áreas. Se utiliza en finanzas, transportes, aviación y telecomunicaciones. Los sistemas expertos «toman decisiones que normalmente requieren niveles de pericia humanos». Estos sistemas ayudan a las personas a adelantarse a problemas o a hacer frente a las dificultades que puedan surgir.

La aplicación de la inteligencia artificial en numerosos sectores está en auge.(16) Se está utilizando para sustituir a los humanos en muchos campos. Por ejemplo, se usa en la exploración espacial, la fabricación avanzada, el transporte, el desarrollo energético y la atención sanitaria. Al acceder a la extraordinaria potencia de procesamiento de los ordenadores, los individuos pueden complementar sus capacidades personales y mejorar la productividad.

Impacto sobre la población activa

El vertiginoso crecimiento de las nuevas tecnologías hace pensar que están teniendo un impacto sustancial en la población activa. Muchas de las grandes empresas tecnológicas han alcanzado economías de escala con una plantilla moderada. Por ejemplo, Derek Thompson afirma que «Google tiene un valor de 370.000 millones de dólares, pero solo cuenta con unos 55.000 empleados, menos de la décima parte de la plantilla de AT&T en su momento álgido [la década de 1960]». Según el economista Andrew McAfee, «el momento en que las máquinas pueden reemplazar al hombre en la mayoría de los empleos de la economía actual es ya una posibilidad, y no creo que suceda en un futuro demasiado lejano».(18)

En toda una serie de sectores, la tecnología está sustituyendo a la mano de obra, y esto tiene consecuencias drásticas en el empleo y la renta de las clases medias. Hod Lipson, ingeniero de la Universidad de Cornell, argumenta que «durante mucho tiempo la creencia común era que la tecnología destruía empleos, pero también creaba otros nuevos y mejores. Ahora los indicios dicen que la tecnología está destruyendo empleos y creando en efecto otros nuevos y mejores, pero en mucha menor cantidad».

Martin Ford nos hace una advertencia igualmente inquietante. En su libro The Lights in the Tunnel (Las luces del túnel), sostiene que «a medida que la tecnología se acelera, la automatización podría acabar penetrando en la economía en tal medida que los salarios no proporcionarán al grueso de los consumidores unos ingresos lo bastante holgados ni confianza en el futuro. Si este problema no se ataja, el resultado será una espiral económica descendente». A continuación nos avisa de que «en algún momento futuro, que puede tardar en llegar años o décadas, las máquinas podrán realizar el trabajo de un gran porcentaje de la mayoría de las personas “corrientes”, que ya no encontrarán nuevos empleos».

Las empresas han descubierto que la robótica, el aprendizaje automático y la inteligencia artificial pueden sustituir a los humanos y superarlos en precisión, productividad y eficiencia. Durante la gran recesión de 2008-2009, muchas empresas se vieron obligadas a reducir sus plantillas por motivos presupuestarios. Tuvieron que buscar el modo de mantener los negocios con menos personal. Un empresario que conozco tenía 500 empleados para su negocio de 100 millones de dólares y ahora tiene la misma cantidad, aunque los ingresos de la compañía han crecido hasta los 250 millones. Lo consiguió gracias a la automatización de determinadas funciones y usando robots y avanzadas tecnologías de fabricación.

La Oficina Estadounidense de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés) recopila proyecciones de empleo futuro. En su análisis más reciente, la agencia prevé que entre 2012 y 2022 se generarán 15,6 millones de nuevos empleos. Eso significa un crecimiento de la población activa de alrededor del 0,5 % anual.

Se espera que los sectores de la asistencia sanitaria y social sean los que más crezcan, con una tasa anual del 2,6 %. Esto supondrá unos cinco millones de nuevos puestos de trabajo a lo largo de la década. Es decir, más o menos una tercera parte de la creación de empleo prevista.(21) Otras áreas que podrían experimentar un incremento en el empleo son los servicios profesionales (3,5 millones), la construcción (1,6 millones), el ocio y la hostelería (1,3 millones), la Administración central y local (929.000), las finanzas (751.000) y la educación (675.000).

Teniendo en cuenta los avances tecnológicos, es interesante observar que uno de los campos donde se augura una reducción en el número de empleos es el sector de la informática. Las proyecciones de la BLS avanzan que el sector perderá unos 65.000 puestos de trabajo en los próximos diez años. Aunque la tecnología está revolucionando muchas empresas, lo hace transformando su manera de operar y no incrementando el número de puestos de trabajo. La tecnología puede estimular la productividad y mejorar la eficiencia, pero lo consigue reduciendo el número de empleados necesarios para generar niveles de producción iguales o mayores.

También en el sector de la industria se vaticina pérdida de empleo. La BLS calcula que en Estados Unidos desaparecerán 50.000 puestos de trabajo, mientras que la administración federal se reducirá en 407.000 puestos, y en agricultura, bosques, pesca y caza desaparecerán 223.000 empleos.(22) Se cree que estos sectores serán los que menos empleo generarán en la próxima década.

Como las proyecciones de la BLS dan pocas cosas por hecho en lo referido a las tecnologías emergentes, es muy probable que sus cálculos hayan subestimado el efecto perturbador que traen consigo. Resulta difícil cuantificar los efectos que tendrán los robots, la inteligencia artificial y los sensores sobre la población activa, porque estamos aún en las primeras fases de la revolución tecnológica. Es difícil ser categórico respecto a las tendencias emergentes porque no está claro cómo afectarán las nuevas tecnologías al mercado laboral.

Pero hay predicciones en muchos sectores sobre el posible impacto de la informatización. Carl Frey y Michael Osborne, investigadores de la Universidad de Oxford, afirman que la tecnología transformará muchos ámbitos de la vida. Han estudiado 702 sectores profesionales y han descubierto que «el 47 % de los trabajadores estadounidenses tiene grandes probabilidades de ver automatizados sus empleos durante los próximos veinte años ».De acuerdo con su análisis, empleados de telemarketing, del sector inmobiliario, costureros, técnicos matemáticos, agentes de seguros, relojeros, agentes de carga, asesores fiscales, técnicos de laboratorios fotográficos, gestores de clientes bancarios, bibliotecarios y mantenedores de bases de datos tienen el 99 % de probabilidades de que se informaticen sus puestos de trabajo. En el otro extremo del espectro, terapeutas ocupacionales, mecánicos, directores de servicios de emergencias, trabajadores sociales sanitarios, estomatólogos, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales sanitarios, cirujanos orales, supervisores de brigadas antiincendios y nutricionistas tienen menos del 1 % de probabilidades de que se informaticen sus empleos. Estos análisis se basan en los niveles de informatización, salariales y en la formación requerida en los diferentes sectores profesionales.

Aparte de esto, sabemos que algunos campos, como la atención sanitaria y la educación, han tardado más en incorporarse a la revolución tecnológica, pero ya empiezan a adoptar nuevos modelos. Las innovaciones en aprendizaje personalizado y salud móvil implican que muchas escuelas y muchos hospitales estén haciendo la transición desde el servicio tradicional a uno informatizado. Los profesores utilizan cursos en línea, masivos y abiertos (MOOC, por sus siglas en inglés) e instrucciones a través de tablets, mientras que la sanidad ya cuenta con sensores médicos, historias electrónicas y aprendizaje automático para diagnóstico y evaluación de tratamientos.

En los hospitales, la plantilla solía encargarse personalmente del grueso de los tratamientos médicos. Pero los profesionales sanitarios ahora almacenan la información en historias electrónicas y a través de redes compartidas combinan pruebas de laboratorio, datos clínicos e información administrativa para conseguir una mayor eficiencia. Los pacientes navegan por la red para obtener información médica y consejo profesional complementario gracias a los recursos en línea. Los sectores de la educación y la sanidad están experimentando las alteraciones que antes transformaron otras áreas.

Dadas las incertidumbres que plantean las proyecciones de empleo, no es sorprendente que los expertos no se pongan de acuerdo acerca del impacto de las tecnologías emergentes. Por ejemplo, en su muy elogiada obra La carrera contra la máquina. Cómo la revolución digital está acelerando la innovación, aumentando la productividad y transformando irreversiblemente el empleo y la economía, los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee plantean que la tecnología está produciendo importantes cambios en la población activa. Según ellos, «el progreso tecnológico va a dejar atrás a muchas personas, a muchísimas incluso, a medida que prosigue su avance. Demostraremos que no ha habido un momento mejor para un trabajador con conocimientos especializados o la formación adecuada, porque puede usar las tecnologías para crear y capturar valor. Sin embargo, no lo ha habido peor para un trabajador que solo puede ofrecer conocimientos y habilidades normales, porque los ordenadores, los robots y otras tecnologías digitales están adquiriendo esos conocimientos y destrezas a una velocidad extraordinaria».

Lawrence Summers, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, es igual de pesimista. Sostiene que «si se mantiene la tendencia actual, muy bien podría suceder que, en una generación, la cuarta parte de los hombres de mediana edad se queden sin trabajo en algún momento». Desde esta perspectiva, el mayor reto económico mundial será «generar suficientes puestos de trabajo».(26)

No obstante, hay economistas que rebaten estas afirmaciones. Reconocen que muchos empleos van a desaparecer por el avance tecnológico, pero afirman que se crearán otros nuevos. Habrá menos puestos de empleados de almacén porque las máquinas podrán hacerlo mejor que los humanos. Pero se generarán puestos de analistas de big data, de minería de datos y de gestores de redes de datos compartidos. Según estos expertos, la destrucción y creación de empleo acabarán equilibrándose en el largo plazo. En las décadas futuras, el trabajo se habrá transformado, pero los humanos seguirán siendo necesarios para gestionar el mundo digital.

Por ejemplo, el economista David Autor, del MIT, ha analizado datos sobre empleos y tecnologías y «duda de que la tecnología pueda provocar un cambio tan abrupto en la cifra total de empleo… La repentina desaceleración en la creación de empleos es un gran misterio, pero no hay suficientes pruebas de que esté vinculada a los ordenadores».(27) En la misma línea, el economista Richard Freeman, de Harvard, se muestra «escéptico respecto a que la tecnología vaya a transformar numerosos y variados sectores empresariales de una forma tan rápida que explique las recientes cifras de empleo».

Robert Gordon, economista de la Universidad Northwestern, va aún más allá y manifiesta que «los recientes avances en informática y automatización son menos transformadores de lo que lo fueron la electrificación, los automóviles y las comunicaciones inalámbricas, y tal vez incluso menos que el agua corriente. Los avances pasados que permitieron a los individuos comunicarse y recorrer rápidamente largas distancias pueden en última instancia resultar más importantes para el progreso de la sociedad que cualquier cosa que suceda en el siglo xxi». A partir de este razonamiento, no prevé efectos drásticos de las tecnologías emergentes en la población activa, aunque muchos otros expertos ya adelanten la sustitución de la mano de obra por la tecnología.

Un estudio del Pew Research Center entrevistó a 1.896 expertos sobre el impacto de las tecnologías emergentes. Los responsables del estudio concluyeron que «la mitad de estos expertos (48 %) pronostican un futuro en el que robots y agentes digitales habrán reemplazado a numerosos trabajadores industriales y administrativos, y muchos de ellos expresan con preocupación que esto conducirá a un enorme incremento de la desigualdad en los ingresos, con masas sin opción a un puesto de trabajo y un desplome del orden social».(30)

Consecuencias para la política pública

En el clásico de Edward Bellamy, Mirando atrás, el protagonista Julian West se despierta de un sueño de 113 años y descubre que Estados Unidos en 2000 es completamente diferente de cómo era en 1887. La gente deja de trabajar a los cuarenta y cinco años y se dedica a asesorar a otras personas y a contribuir al propósito general de comunidad.(31) La semana laboral es más corta para el ciudadano común y todo el mundo tiene acceso a la sanidad, la educación y la vivienda.

De forma similar a nuestra época, las nuevas tecnologías permiten que las personas sean muy productivas durante muy poco tiempo. La sociedad no necesita gran cantidad de trabajadores, por lo que las personas pueden dedicar gran parte de su vida a la educación, el voluntariado y el desarrollo comunitario. En conjunción con estas tendencias de empleo, las políticas administrativas han cambiado para fomentar nuevos estilos y modos de vida.

Si volvemos al momento actual, veremos que es posible que estemos en vísperas de una transición tecnológica similar. La robótica y el aprendizaje automático han mejorado la productividad y reforzado las economías de las naciones desarrolladas. Los países que han invertido en innovación han experimentado un enorme auge de su rendimiento económico. En el futuro es posible que la sociedad no necesite tantos trabajadores como hoy en día.

Sin embargo, a diferencia de la utopía de Bellamy, ha habido escaso debate público sobre las repercusiones económicas o políticas de las tecnologías emergentes. Los analistas temen que las sociedades del conocimiento estén destruyendo empleos en la industria y exacerbando las disensiones sociales y económicas. En sus propuestas más pesimistas, los escépticos temen que la tecnología elimine empleos, reduzca las rentas y dé lugar a una clase marginal de ciudadanos permanentemente desempleados. Como sostienen Nicolas Colin y Bruno Palier, «el empleo se está convirtiendo en algo menos habitual, menos estable y por lo general peor remunerado. Por tanto, los programas sociales tendrán que cubrir las necesidades no solo de los que están fuera del mercado laboral, sino también de muchos de los que están dentro».

Si la innovación tecnológica permite que las empresas suministren bienes y servicios con una plantilla mucho menor, ¿qué significará esto para los trabajadores? Un incremento notable en el número de personas sin un empleo a tiempo completo agudizaría las diferencias dentro de la sociedad y complicaría la distribución de prestaciones tales como pensiones, asistencia sanitaria y seguros. La mayor parte de las prestaciones están ligadas al empleo, por lo que si la economía precisa menos trabajadores debido al progreso tecnológico, es necesario pensar en cómo va a afectar esto al reparto de prestaciones sociales.

En esta sección analizo las medidas que debemos tener en cuenta a corto y largo plazo para enfrentarnos a las tecnologías emergentes. Esto incluye pensar en la manera de distribuir prestaciones no ligadas al empleo, contemplar una renta básica garantizada, redefinir el crédito fiscal por ingresos derivados de la actividad laboral, proporcionar cuentas de producción de las ramas de actividad para la formación continuada y el reciclaje laboral, fomentar el reparto de beneficios por parte de las empresas, proporcionar prestaciones por voluntariado, reformar los planes de estudios para asegurarnos que los universitarios adquieren los conocimientos necesarios para una economía del siglo xxi, impulsar la educación de adultos y la formación continuada, ampliar la oferta artística y cultural para el tiempo de ocio e impedir la aparición de una clase permanentemente marginada que sufra los efectos indeseables de la desigualdad de renta.

Prestaciones no ligadas al empleo

Si llegamos a una situación en la que muchas personas estén desempleadas o subempleadas durante prolongados periodos de tiempo, tendremos que encontrar la manera de proporcionarles asistencia sanitaria, ayudas de invalidez y pensiones. Esta idea, llamada «flexiguridad» o seguridad flexible, «anula la relación directa entre prestaciones y empleo».(33) Garantiza asistencia sanitaria, educación y ayudas para la vivienda sobre una base universal.

Actualmente, una persona debe trabajar el 60 % de su tiempo (unas 24 horas a la semana) para acceder a prestaciones completas. Un empleado a tiempo completo puede optar a los planes de asistencia sanitaria y de pensiones que patrocina su empresa. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el mercado laboral ha constituido el sistema principal de distribución de prestaciones sociales. Excepto para los pobres y ancianos, esto mantiene las prestaciones ajenas al sector público y hace recaer toda la responsabilidad en la empresa privada.

Ese método funcionó bien en una época en la que la mayoría de las personas que buscaba trabajo lo encontraba. Individuos de formación limitada podían encontrar empleos bien pagados con prestaciones sociales en fábricas, almacenes y centros de producción. Podían dar una educación a sus hijos, alcanzar un nivel de vida razonablemente confortable y estar protegidos frente a la enfermedad o la invalidez.

Las complicaciones llegaron cuando la economía cambió de rumbo, los sueldos se estancaron y la tecnología hizo posible que las compañías funcionaran con menos trabajadores. La aparición de la robótica, el aprendizaje automático, la inteligencia artificial y comunicaciones de máquina a máquina eliminó gran cantidad de empleos y situó a muchas personas fuera del sector de la población activa.

En sanidad, los ciudadanos deben recurrir a planes no ligados a su empleo para acceder a servicios de calidad. Es posible, a través de aseguradoras privadas, por ejemplo, contratar seguros médicos contra riesgos de catástrofes. O si la persona es pobre o anciana, hay programas gubernamentales que le garantizan la atención médica. La reciente ampliación de los seguros médicos en Estados Unidos gracias a la Affordable Care Act (Ley de Atención Sanitaria Asequible) ha brindado cobertura a millones de personas que anteriormente no la tenían.

En cuanto a los planes de pensiones, muchos empresarios se han pasado a los planes tipo 401. Los empleados hacen sus propias contribuciones y a veces reciben una aportación equivalente por parte de la empresa. Pero esto no sirve para los que están fuera de la población activa y necesitan una pensión de jubilación. Incluso la Seguridad Social está vinculada al empleo. Los que no hayan trabajado no podrán optar a prestaciones por jubilación, así que tenemos que buscar el modo de protegerlas en la nueva economía.

Cuentas de producción de las ramas de actividad para la formación continuada y el reciclaje laboral

Deberíamos sopesar la creación de cuentas de actividad destinadas al aprendizaje permanente y al reciclaje laboral. En una época de rápida innovación tecnológica y pérdida de empleo, tiene que haber una manera de que las personas adquieran nuevos conocimientos en su edad adulta. Cuando los individuos trabajan por cuenta ajena, sus empresas podrían proporcionar una cantidad determinada a un fondo personal. Esta cantidad podría ir aumentando con las aportaciones del interesado y de la administración pública. De modo similar a un plan de jubilación, el dinero de este fondo se podría invertir libre de impuestos en diferentes opciones, como reservas de efectivo, acciones y bonos. El titular de la cuenta podría hacer uso de él para costear su formación continuada y su reciclaje laboral. Sería portátil, es decir que, si el titular se mudara o cambiara de empleo, la cuenta se desplazaría con él.

El objeto de esta cuenta es ofrecer incentivos para la formación continua. En prácticamente cualquier contexto, los individuos van a tener que continuar su formación más allá de sus primeros años de vida. Los nuevos puestos de trabajo van a exigir cualificaciones diferentes de las adquiridas en la escuela. Se crearán nuevos empleos que tal vez aún no existen. Como señalaba Kemal Dervis, investigador de la Brookings Institution, a medida que avance la innovación tecnológica en el futuro será esencial facilitar a las personas los medios de mejorar sus cualificaciones y su nivel de conocimientos.(34) Nos recuerda que Francia ha creado «cuentas de actividad individuales» asociadas a prestaciones sociales.

Con el incremento del tiempo libre que se espera, los adultos necesitarán tiempo y ayuda económica para su formación continuada. No debemos ver la educación meramente como una etapa en la que los jóvenes adquieren nuevos conocimientos o profundizan en áreas de interés. Por el contrario, hemos de pensar en la formación como una actividad continua que amplía el horizonte de las personas a lo largo de toda su vida. La educación es una actividad enriquecedora y tenemos que concebirla como un beneficio general para los individuos y para la sociedad en su conjunto.

Incentivos para el voluntariado

Las tendencias mencionadas en este análisis apuntan a que necesitamos contemplar ingresos complementarios o la posibilidad de optar a prestaciones a través de vehículos que no sean el empleo a tiempo completo. Las repercusiones de las tecnologías emergentes en la población activa significan que, en el futuro, muchas personas no podrán mantener a sus familias con un sueldo fijo.

Una alternativa sería el voluntariado. Incluso cuando las personas tienen opciones de empleo limitadas, muchas participan en una gran variedad de organizaciones solidarias. Ayudan a otras, dan formación a la siguiente generación o proporcionan asistencia a los menos favorecidos de la sociedad.

Los resultados de diversos estudios nos demuestran que los jóvenes tienen un interés especial por el voluntariado. En general, presentan diferentes actitudes respecto al trabajo y el ocio, y muchos afirman necesitar tiempo para dedicarse a actividades distintas. Por ejemplo, un estudio sobre universitarios estadounidenses reveló que buscan «un trabajo orientado a ayudar a los demás y a mejorar la sociedad». Además, valoran la calidad de vida, no solo el bienestar económico.(35)

Gran cantidad de ellos valora las actividades de voluntariado que no estén relacionadas con su trabajo. Tienen intereses muy variados y quieren desarrollar actividades extracurriculares que les llenen como personas. Pueden ser clases extraescolares, enseñanza del inglés como lengua extranjera, combatir la violencia doméstica, proteger el medioambiente o fomentar iniciativas de emprendedores. Según un estudio de Deloitte, «el 63 % de los “milenaristas* son socios de organizaciones benéficas y el 43 % son voluntarios activos o miembros de una organización comunitaria».(36)

En un mundo digital en el que habrá menos tiempo de trabajo y más de ocio, tiene sentido pensar en crear incentivos y créditos laborales para el voluntariado. Podría tratarse de créditos destinados a prestaciones sociales o recompensas públicas que premien las aportaciones a la comunidad. En el Reino Unido, por ejemplo, a los voluntarios se les reembolsa sus gastos o se les da créditos para programas de formación laboral si participan en causas altruistas. Además, el voluntariado se considera una «búsqueda activa de empleo», de modo que permite optar a créditos de la Administración.(37)

Con vistas al futuro, en Estados Unidos debe tenerse en cuenta ese tipo de estímulos. Es probable que entonces la gente pase más tiempo fuera del trabajo y por eso tiene sentido fomentar su compromiso con la comunidad y ofrecer incentivos para el voluntariado en organizaciones sin ánimo de lucro y causas caritativas. Esto beneficiará a la comunidad en su conjunto y brindará a los ciudadanos la posibilidad de participar en actividades de utilidad.

Ampliar la oferta artística y cultural para el tiempo libre

El llamado «fin del trabajo» puede crear un nuevo tipo de economía. Según el economista Lawrence Katz, de Harvard, «es posible que la informática y los robots eliminen empleos tradicionales y posibiliten una nueva economía artesanal… Una economía que gire alrededor de la expresión personal, en la que los individuos dediquen su tiempo a actividades artísticas». Tal y como él lo ve, esta transición transformaría un mundo de consumo en un mundo de creatividad.

Las personas dedicarán su tiempo libre a cultivar el arte y la cultura, o a intereses específicos, como lectura, poesía, música o carpintería… Dependiendo de las circunstancias, también dispondrán de más tiempo para la familia y los amigos. Un estudio del tiempo que pasamos en familia ha concluido que las condiciones macroeconómicas determinan cuánto tiempo pasamos con otras personas. Cuando aumentan los problemas de empleo, «los padres dedican más tiempo a actividades enriquecedoras de cuidado de sus hijos» y «es poco probable que las madres trabajen a jornada completa». En la medida en que existan oportunidades para que las personas cultiven intereses más amplios, la reducción del empleo no tiene por qué eliminar oportunidades para la actividad cultural.

Conclusión

En suma, las sociedades avanzadas se encuentran en un importante punto de inflexión en cuanto a los conceptos de trabajo, ocio y prestaciones sociales. Si estas economías necesitan menos trabajadores para realizar las tareas y las prestaciones se perciben fundamentalmente cuando se posee un empleo a tiempo completo, existe el riesgo de que muchas personas tengan dificultades para recibir atención sanitaria, pensiones y para conservar el nivel de renta que necesitan para vivir. La preocupación se agrava en un momento como el actual, de grandes desigualdades de ingresos e importantes recortes en la redistribución económica.(40)

El contraste entre la época de escasez que hemos vivido y la abundancia que se prevé para los años venideros de la mano de las nuevas tecnologías implica que debemos prestar atención al contrato social. Tenemos que reescribirlo a la vista de los impresionantes cambios que se están produciendo en materia de empleo y tiempo libre. Las personas deben comprender que nos encontramos en una interrupción fundamental en el ciclo actual, en el cual las personas reciben un salario por su trabajo y gastan su dinero en bienes y servicios. Cuando una porción considerable de la mano de obra ya no sea necesaria para que la economía funcione, tendremos que repensar la generación de ingresos, el empleo y las políticas públicas. El nuevo sistema económico no precisará todos los trabajadores que existen en la actualidad. Las nuevas tecnologías dejarán a estas personas obsoletas y sin posibilidad de encontrar empleo.

En esta situación, es importante abordar las cuestiones relativas a legislación y tiempo libre suscitadas por un desempleo o subempleo persistentes. Existe peligro de disturbios y agitación social entre el porcentaje cada vez mayor de población desempleada. Eso crea pobreza e insatisfacción social, y el riesgo de inestabilidad amenaza a la sociedad en su conjunto. La estabilidad no puede forzarse con presencia policial o con la reclusión de los ricos en comunidades fortificadas.

Tiene que haber alguna manera para que las personas lleven vidas plenas aun cuando la sociedad requiera bastantes menos trabajadores. Debemos reflexionar sobre cómo hacer frente a estos problemas antes de que aparezca una clase marginal permanente de individuos subempleados. Esto exige tomar una serie de medidas. Tienen que abrirse vías para la formación continuada, oportunidades para las artes y la cultura y mecanismos para complementar la renta y las prestaciones que no estén vinculados a tener un empleo a tiempo completo. Las medidas que favorezcan el voluntariado y recompensen a aquellos que contribuyan a causas altruistas tienen sentido desde el punto de vista de la sociedad en su conjunto. La adopción de dichas medidas nos ayudará a adaptarnos a las nuevas realidades económicas.

Agradecimientos

Quisiera dar las gracias a Hillary Schaub por su excelente trabajo como investigadora ayudante en este proyecto.

Notas

1. Manyika, J., Chui, M., Bughin, J., Dobbs, R., Bisson, P. y Marrs, A., «Disruptive Technologies: Advances That Will Transform Life, Business, and the Global Economy», McKinsey Global Institute, mayo de 2013.

2. Daniela, R., «How Technological Breakthroughs Will Transform Everyday Life», en Foreign Affairs, julio/agosto de 2015.

3. Para una reflexión más amplia sobre estas cuestiones, véase West, D. M., What Happens If Robots Take the Jobs?, Brookings Institution Policy Report, octubre de 2015.

4. Hagerty, J., «Meet the New Generation of Robots for Manufacturing», en Wall Street Journal, 2 de junio de 2015.

5. Sander, A. y Wolfgang, M., «The Rise of Robotics», The Boston Consulting Group, 27 de agosto de 2014. https://www.bcgperspectives.com/content/articles/business_unit_strategy_innovation_rise_of_robotics/

6. RBC Global Asset Management, Global Megatrends: Automation in Emerging Markets, 2014.

7. Breazeal, C., «The Personal Side of Robots», South by Southwest, 13 de marzo de 2015.

8. Wilf, E., «Sociable Robots, Jazz Music, and Divination: Contingency as a Cultural Resource for Negotiating Problems of Intentionality», en American Ethnologist: Journal of the American Ethnological Society, 6 de noviembre de 2013, p. 605. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/amet.12041/abstract

9. Murphy, M., «Amazon Tests Out Robots That Might One Day Replace Warehouse Workers», en Quartz, 1 de junio de 2015.

10. DePillis, L., «Minimum-Wage Offensive Could Speed Arrival of Robot-Powered Restaurants», en The Washington Post, 16 de agosto de 2015.

11. Dang, T. y Tapus, A., «Stress Game: The Role of Motivational Robotic Assistance in Reducing User’s Task Stress», en International Journal of Social Robotics, abril de 2015.

12. Lewis, M., Flash Boys: A Wall Street Revolt, Nueva York, W. W. Norton, 2015.

13. Kirilenko, A. A. y Lo, A. W., «Moore’s Law versus Murphy’s Law: Algorithmic Trading and Its Discontents», en Journal of Economic Perspectives, 2013. http://www.jstor.org/stable/pdf/23391690.pdf?acceptTC=true

14. Shubhendu, S. y Vijay, J., «Applicability of Artificial Intelligence in Different Fields of Life», en International Journal of Scientific Engineering and Research, septiembre de 2013.

15. Ibid.

16. Ibid.

17. Thompson, D., «A World Without Work», en The Atlantic, julio/agosto de 2015.

18. Nakagawa, D., «The Second Machine Age is Approaching», en The Huffington Post, 24 de febrero de 2015.

19. MIT Technology Review, «Who Will Own the Robots», septiembre de 2015.

20. Ford, M., The Lights in the Tunnel: Automation, Accelerating Technology, and the Economy of the Future, 2009. Véase también su obra más reciente, Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future, Nueva York, Basic Books, 2015.

21. U. S. Bureau of Labor Statistics, «Employment Projections: 2012-2022 Summary», 19 de diciembre de 2013. http://www.bls.gov/news.release/ecopro.nr0.htm

22. Ibid.

23. Citado en Meyerson, H., «Technology and Trade Policy is Pointing America Toward a Job Apocalypse», en The Washington Post, 26 de marzo de 2014. El artículo original es de Frey, C. B. y Osborne, M., «The Future of Employment: How Susceptible Are Jobs to Computerisation», Oxford University Programme on the Impacts of Future Technology, 17 de septiembre de 2013.

24. Frey y Osborne, «The Future of Employment», op. cit., pp. 57-72.

25. Brynjolfsson, E. y McAfee, A., The Second Machine Age: Work, Progress, and Prosperity in a Time of Brilliant Technologies, Nueva York, W. W. Norton, 2014, p. 11.

26. Summers, L., «The Economic Challenge of the Future: Jobs», en Wall Street Journal, 7 de julio de 2014.

27. Citado en Rotman, D., «How Technology Is Destroying Jobs», en MIT Technology Review, 12

de junio de 2013. http://www.technologyreview.com/featuredstory/515926/howtechnology-is-destroying-jobs/

28. Ibid.

29. Citado en Kearney, M., Hershbein B. y Boddy, D., «The Future of Work in the Age of the Machine», Brookings Institution Hamilton Project, febrero de 2015.

30. Smith, A. y Anderson, J., «AI, Robotics, and the Future of Jobs», Pew Research Center, 6 de agosto de 2014.

31. Bellamy, E., Looking Backward 2000-1887, Boston, Ticknor & Co., 1888.

32. Colin, N. y Palier, B., «Social Policy for a Digital Age», en Foreign Affairs, julio/agosto de 2015.

33. Ibid.

34. Dervis, K., «A New Birth for Social Democracy», en Brookings Institution Project Syndicate, 10 de junio de 2015.

35. The Griffith Insurance Education Foundation, «Millennial Generation Attitudes About Work and the Insurance Industry», 6 de febrero de 2012.

36. Pollack, L., «Attitudes and Attributes of Millennials in the Workplace», 12 de septiembre de 2014.

37. Job Centre Plus, «Volunteering While Getting Benefits», Ministerio

de Trabajo y Pensiones del Reino Unido, octubre de 2010. https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/264508/dwp1023.pdf

38. Citado en Thompson, D., «A World Without Work», op. cit.

39. Morill, M. S. y Pabilonia, S. W., «What Effects Do Macroeconomic Conditions Have on Families’ Time Together?», Leibniz Information Centre for Economics, 2012. http://hdl.handle.net/10419/58561

40. West, D. M., Billionaires: Reflections on the Upper Crust, Washington D. C., Brookings Institution Press, 2014.

 

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